Síndrome de Ehlers-Danlos en una hembra joven de raza Labrador Retriever: descripción de un caso clínico
Resumen breve
El síndrome de Ehlers-Danlos (SED), conocido también en el ámbito de la medicina veterinaria como astenia cutánea o dermatoparaxis, constituye una alteración de carácter hereditario y congénito que afecta de forma directa al tejido conectivo. Esta patología está causada por una síntesis defectuosa del colágeno o por anomalías en las enzimas encargadas de su procesamiento postraduccional, lo que da lugar a una piel caracterizada por una extrema fragilidad, hiperextensibilidad y una marcada…Índice de contenidos
Resumen
El síndrome de Ehlers-Danlos (SED), conocido también en el ámbito de la medicina veterinaria como astenia cutánea o dermatoparaxis, constituye una alteración de carácter hereditario y congénito que afecta de forma directa al tejido conectivo. Esta patología está causada por una síntesis defectuosa del colágeno o por anomalías en las enzimas encargadas de su procesamiento postraduccional, lo que da lugar a una piel caracterizada por una extrema fragilidad, hiperextensibilidad y una marcada vulnerabilidad frente a traumatismos mínimos. El presente artículo expone el abordaje clínico detallado de una paciente canina, hembra, de raza Labrador Retriever y de 7 meses de edad. El animal fue presentado a consulta debido a un historial crónico de laceraciones espontáneas, retraso evidente en los tiempos de cicatrización y hematomas recurrentes. La metodología diagnóstica empleada englobó una anamnesis exhaustiva, una exploración física minuciosa con la medición del índice de extensibilidad cutánea (IEC) y la posterior confirmación diagnóstica mediante el análisis histopatológico de múltiples biopsias cutáneas, utilizando tinciones de rutina y tinciones histoquímicas especiales. Los resultados clínico-patológicos revelaron un IEC del 18,5% y una dermis con haces de colágeno profundamente fragmentados, desorganizados, orientados de manera caótica y con un grosor fibrilar sumamente variable. Las conclusiones de este caso recalcan la importancia crítica de incluir el SED dentro de los diagnósticos diferenciales ante dermatopatías que cursen con fragilidad cutánea en pacientes jóvenes. Asimismo, ante la ausencia de un tratamiento etiológico o curativo eficaz en la actualidad, se resalta la necesidad de instaurar un manejo profiláctico estricto basado en la modificación del entorno ambiental para garantizar la calidad de vida de estos pacientes.
Introducción
El tejido conectivo cutáneo de los mamíferos está compuesto fundamentalmente por una red tridimensional densa de fibras de colágeno, principalmente de los tipos I y III, las cuales confieren a la dermis su fuerza tensil, elasticidad y resistencia frente a las fuerzas mecánicas externas. El síndrome de Ehlers-Danlos (SED) engloba un conjunto heterogéneo de trastornos hereditarios que interfieren de forma drástica en la biosíntesis, secreción, estructura o ensamblaje macromolecular de estas proteínas estructurales. En medicina humana se han descrito múltiples variantes moleculares basándose en las mutaciones genéticas subyacentes; sin embargo, en la medicina de pequeños animales, la caracterización de dichos subtipos sigue estando limitada debido a la complejidad de las pruebas genéticas moleculares rutinarias, clasificándose los casos principalmente por su presentación clínica y sus hallazgos microscópicos.
A pesar de que el SED es considerado una patología de presentación infrecuente o infradiagnosticada en la especie canina, se ha documentado su aparición en diversas razas puras, tales como el Boxer, el Springer Spaniel, el Beagle, el Caniche y el Labrador Retriever, sugiriéndose modos de herencia tanto autosómicos dominantes como recesivos dependiendo de la estirpe familiar afectada. La expresión fenotípica clásica de la enfermedad cursa con una piel extremadamente holgada, que puede ser traccionada a distancias desproporcionadas sin generar dolor, acompañada de una fragilidad tisular severa que predispone a desgarros ante actividades cotidianas. El objetivo primordial de este trabajo es describir el proceso diagnóstico, las características histopatológicas y las estrategias terapéuticas de soporte instauradas en una hembra joven de Labrador Retriever, con la finalidad de aportar información de valor científico que optimice el reconocimiento temprano de esta patología tisular en la práctica clínica diaria.
Caso clínico
Una perra de raza Labrador Retriever, hembra, de 6 meses de edad y con un peso corporal de 22,5 kg, fue remitida al servicio hospitalario de dermatología veterinaria Skinpet debido a un cuadro clínico crónico y severo de desgarros cutáneos frecuentes, aparición de hematomas subcutáneos sin mediar traumatismos graves y retraso marcado en los procesos normales de cicatrización. Durante la anamnesis, los propietarios refirieron que el animal manifestaba una elasticidad cutánea desmedida e inusual desde los 2 meses de edad, y que el simple juego con otros cachorros o el roce con el mobiliario de la vivienda desencadenaba laceraciones lineales (Figura 1-3).



En la exploración física general inicial, la paciente se mostró alerta, cooperativa y con una condición corporal óptima (3/5). Las constantes fisiológicas basales, que incluyeron la frecuencia cardiaca (110 latidos por minuto), la frecuencia respiratoria (24 respiraciones por minuto), la temperatura rectal (38.6 °C) y el tiempo de llenado capilar (1.5 segundos), se situaron dentro de los rangos de estricta normalidad. A la palpación general, no se evidenciaron linfadenopatías regionales ni alteraciones a nivel de las cadenas ganglionares accesibles (Figura 4).

El examen dermatológico minucioso reveló la presencia de múltiples cicatrices atróficas, alopécicas y blanquecinas localizadas predominantemente en la región dorsal, la zona escapular y las caras laterales de las extremidades. Asimismo, se observaron focos de equimosis y hematomas subcutáneos fluctuantes y no dolorosos en la región esternal y sobre las prominencias óseas de los carpos y tarsos, zonas expuestas a un mayor compromiso mecánico de apoyo continuo (Figura5).

La característica clínica más llamativa fue la elasticidad extrema y la holgura de la piel en todo el cuerpo, siendo especialmente exacerbada en las regiones del cuello, el tórax lateral y la zona lumbosacra. El tejido cutáneo podía elevarse verticalmente de manera indolora y distenderse de forma sorprendente (Figura6 y 7).


Para objetivar fehacientemente este hallazgo, se procedió al cálculo del Índice de Extensibilidad Cutánea (IEC). La medición se realizó traccionando la piel de la zona media del dorso verticalmente hacia su límite fisiológico sin causar molestia al animal, midiendo la altura del pliegue resultante en centímetros, y dividiendo este valor entre la longitud total del cuerpo de la paciente (medida desde la protuberancia occipital externa hasta la base anatómica de la cola). El resultado de esta ecuación multiplicó el factor por 100, arrojando un IEC definitivo del 18.5%. En perros sanos de conformación normal, el límite superior del IEC se establece firmemente en el 14.5 %, por lo que el valor obtenido representó un incremento patológico indiscutible compatible con astenia cutánea (ver Figura 7).
A pesar de que el síndrome de Ehlers-Danlos en seres humanos se asocia frecuentemente con hipermovilidad articular, subluxaciones ortopédicas crónicas y laxitud de los tendones, la evaluación ortopédica detallada de esta paciente no demostró la presencia de inestabilidad articular en rodillas, carpos o caderas, manteniendo un arco de movilidad fisiológico y una marcha perfectamente coordinada.
Como parte del protocolo de exclusión diagnóstica, se realizaron pruebas laboratoriales complementarias. El hemograma completo reflejó parámetros eritrocitarios, leucocitarios y plaquetarios normales, descartando trombocitopenias que justificasen los hematomas. El perfil bioquímico sérico (que incluyó la determinación de alanina aminotransferasa, fosfatasa alcalina, urea, creatinina, proteínas totales y albúmina) no mostró desviaciones. El análisis de orina mediante tira reactiva y examen del sedimento no arrojo alteraciones significativas.
Ante la sólida sospecha clínica de una distrofia primaria del colágeno, se decidió realizar la toma de biopsias cutáneas bajo un estricto protocolo quirúrgico. Se premedicó a la paciente y se indujo una sedación profunda, complementada con el bloqueo anestésico local infiltrativo de las zonas elegidas empleando lidocaína al 2 % sin epinefrina. Se obtuvieron tres muestras de tejido de espesor total utilizando un punch de biopsia estéril de 6 mm de diámetro. Dada la extrema fragilidad de la piel, el manejo instrumental de los bordes tisulares se realizó con pinzas de disección atraumáticas para evitar el desgarro de la muestra. El cierre de las zonas de incisión se realiazó minimizando al máximo la tensión aplicada sobre los nudos.
Las muestras de tejido fijadas en formalina tamponada al 10 % fueron remitidas para su procesamiento al laboratorio de referencia histopatológica veterinaria. Las secciones tisulares fueron teñidas rutinariamente con hematoxilina y eosina (H&E) y, de forma complementaria, con la tinción histoquímica especial de Tricrómico de Masson, específica para la delimitación y evaluación de las fibras colágenas. El examen microscópico reveló una epidermis intacta con un espesor y un estrato córneo conservados, sin evidencias de hiperqueratosis o acantosis. Los anexos pilosebáceos y las glándulas sudoríparas se presentaban en número y morfología normales. Sin embargo, las alteraciones mayores se concentraron de forma exclusiva en la dermis reticular y papilar. Se observó una marcada reducción del espesor total de la capa dérmica.Las fibras de colágeno exhibieron una pérdida absoluta de su arquitectura fascicular ordenada; se presentaban fragmentadas en filamentos cortos, delgados y con extremos romboidales, orientadas en direcciones totalmente caóticas y desorganizadas (Figura8).

Adicionalmente, se detectó una notable variabilidad en el diámetro transversal de las fibras individuales dentro de un mismo campo de alta resolución, alternando haces anormalmente gruesos con filamentos sumamente finos, separados entre sí por amplios espacios ópticamente vacíos debidos al edema intersticial crónico y a la falta de compactación de la matriz extracelular(Figura 9). Estos hallazgos histopatológicos fueron concluyentes e inequívocos para confirmar el diagnóstico de síndrome de Ehlers-Danlos.

Considerando que el SED es un defecto genético molecular estructural, no existe en la actualidad médica veterinaria ninguna terapia de carácter etiológico, génico o curativo. Por consiguiente, el plan terapéutico integral diseñado para la paciente se enfocó de forma exclusiva en la instauración de medidas paliativas, de soporte y de medicina preventiva ambiental estricta, orientadas a disminuir de forma drástica la presentación de futuros traumatismos y laceraciones.
Se instruyó formalmente a los tutores sobre la necesidad de modificar el entorno doméstico del animal. Se pautó la eliminación o el acolchado sistemático de cualquier esquina prominente, bordes afilados de muebles o estructuras bajas con los que la perra pudiera impactar durante sus movimientos habituales. Se prohibieron de forma terminante las sesiones de juego brusco con otros canes o actividades que implicaran saltos de altura o carreras en terrenos irregulares con presencia de vegetación densa, maleza o ramas bajas. Para las salidas a la vía pública y paseos diarios, se prescribió el uso continuado de ropa protectora diseñada a medida para el animal, consistente en chalecos acolchados ligeros y prendas de algodón elástico que cubrieran la mayor parte de la superficie del tronco y el cuello, actuando como una barrera mecánica o interfase de amortiguación frente al roce ambiental.
En el ámbito del soporte farmacológico y nutricional, se pautó la administración por vía oral de ácido ascórbico (Vitamina C) a una dosis de 50 mg/kg de peso corporal cada 12 horas de forma crónica. El ácido ascórbico actúa como un cofactor enzimático esencial en las reacciones de hidroxilación de los residuos de prolina y lisina durante la formación de la triple hélice de la molécula de procolágeno, postulándose en la literatura científica que dosis suprafisiológicas podrían potenciar y estabilizar las escasas redes de colágeno funcionalmente viables que el animal es capaz de sintetizar. Asimismo, se incorporó a la dieta un suplemento rico en ácidos grasos esenciales omega-3 y omega-6 para favorecer la integridad de la barrera cutánea general.
Se pautó un estricto protocolo de actuación ante futuras emergencias cutáneas, recomendando a los propietarios acudir de inmediato al centro hospitalario ante cualquier desgarro, desaconsejando el uso de vendajes adhesivos directos sobre la piel sana debido al riesgo de arrancamiento epidérmico durante su retirada. Las heridas futuras deberían ser afrontadas preferentemente mediante grapado quirúrgico o suturas monofilamento de larga permanencia, retirando los puntos no antes de los 14 o 21 días postintervención para compensar el retraso intrínseco de la cicatrización.
Se realizaron revisiones clínicas periódicas programadas cada mes. Tras un periodo de seguimiento continuado de 6 meses (alcanzando la paciente los 13 meses de edad), los propietarios reportaron un cumplimiento excelente de las directrices ambientales. La incidencia de laceraciones cutáneas graves se redujo en más de un 80 % en comparación con la etapa previa al diagnóstico. Los episodios de hematomas esternal disminuyeron ostensiblemente y las heridas menores que se produjeron de forma accidental sanaron de manera lenta pero satisfactoria, sin presentar infecciones secundarias ni dehiscencias de suturas. La paciente mantiene una calidad de vida aceptable y un comportamiento adaptado a sus limitaciones físicas.
Bibliografía
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