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Colocación y manejo de catéteres intravenosos en conejos

Resumen breve

Este artículo repasa la anatomía vascular y la localización de las principales regiones de venopunción (pabellón auricular, antebrazo y extremidad posterior), compara los tres accesos venosos periféricos descritos en el conejo (vena marginal de la oreja, vena cefálica y vena safena lateral) y describe su colocación, fijación, mantenimiento y posibles complicaciones. Se abordan además la sujeción segura del paciente y la prevención de lesiones vertebrales, la selección del calibre, la…

Resumen

Este artículo repasa la anatomía vascular y la localización de las principales regiones de venopunción (pabellón auricular, antebrazo y extremidad posterior), compara los tres accesos venosos periféricos descritos en el conejo (vena marginal de la oreja, vena cefálica y vena safena lateral) y describe su colocación, fijación, mantenimiento y posibles complicaciones. Se abordan además la sujeción segura del paciente y la prevención de lesiones vertebrales, la selección del calibre, la técnica de colocación paso a paso, la fijación y el vendaje para reducir el riesgo de necrosis auricular, y la bibliografía veterinaria de respaldo.

Introducción

El establecimiento de un acceso vascular en pacientes exóticos, y no exclusivamente en el conejo, constituye una herramienta esencial para el manejo y soporte del paciente, particularmente en contextos de emergencia u hospitalización. La disponibilidad de una vía vascular permite la administración segura y eficaz de fluidoterapia, fármacos y otras terapias de soporte, con una biodisponibilidad inmediata y una dosificación precisa.1 Por ello, resulta fundamental canalizar, fijar y mantener un acceso intravenoso permeable que garantice una vía de administración fiable durante todo el periodo de hospitalización.

A continuación, se pasa a describir la anatomía de los vasos, el manejo y la colocación de la vía del paciente.

Anatomía vascular y regiones de venipunción

En el conejo existen tres regiones anatómicas principales para la canalización venosa periférica: el pabellón auricular, la extremidad anterior y la extremidad posterior, donde se localizan la vena marginal de la oreja, la vena cefálica y la vena safena lateral, respectivamente.2 Conocer el trayecto de cada vaso es el primer paso para identificarlo con seguridad y evitar lesionar las estructuras adyacentes.

En el pabellón auricular, la vena marginal discurre a lo largo de la porción más externa (borde lateral) de la oreja y se visualiza con facilidad, aunque suele ser de menor calibre que las venas de las extremidades.2 La arteria auricular central recorre el centro del pabellón2 y aporta la mayor parte del riego sanguíneo de la oreja3 (Figura 1).

Figura 1. Vascularización del pabellón auricular del conejo: localización de la vena marginal y de la arteria auricular central.

Como alternativas al acceso auricular se emplean la vena cefálica, en la extremidad anterior, y la vena safena lateral, en la posterior.2

La vena cefálica se localiza en la cara dorsal del antebrazo, con un trayecto ascendente desde el carpo hacia el codo. Es una vena pequeña de la que solo es accesible una porción corta, sobre todo en conejos con antebrazo corto,1 por lo que su acceso requiere una sujeción firme del miembro.

La vena safena lateral recorre la cara lateral de la pierna y cruza de forma oblicua la tibia en dirección distal hacia el tarso, por encima del corvejón.4 Suele ser una vena grande y relativamente fácil de canalizar, con un calibre mayor que el de la cefálica, aunque es más móvil que esta y que la vena de la oreja.2 Su visualización mejora aplicando alcohol o recortando el pelo de la zona, y tras la punción conviene presionar el punto para evitar la formación de hematomas (Tabla 1).5,6

Tabla 1. Principales accesos venosos periféricos del conejo.

VasoRegión de venipunciónLocalización y trayecto
Vena marginal de la orejaPabellón auricularDiscurre por el borde lateral (porción más externa) del pabellón auricular; la arteria auricular central recorre el centro de la oreja
Vena cefálicaExtremidad anteriorSe localiza en la cara dorsal del antebrazo, con un trayecto ascendente desde el carpo hacia el codo
Vena safena lateralExtremidad posteriorRecorre la cara lateral de la pierna y cruza de forma oblicua la tibia en dirección distal hacia el tarso

Sujeción y manejo del paciente

La correcta sujeción del paciente es un aspecto esencial durante cualquier procedimiento. Los lagomorfos presentan unas extremidades posteriores muy musculadas en relación con un esqueleto ligero, por lo que los movimientos bruscos o una manipulación inadecuada pueden provocarles lesiones a nivel de las extremidades y de la columna vertebral.7,8,9 La fractura o luxación vertebral traumática se localiza con mayor frecuencia en el cuerpo de la séptima vértebra lumbar (L7) o en sus procesos articulares caudales, y puede derivar en paresia o parálisis del tren posterior.9Los movimientos bruscos durante una sujeción inadecuada pueden provocar también lesiones óseas y articulares en las extremidades; entre ellas, la luxación coxofemoral, que en el conejo suele ser craneodorsal,10 y la fractura de fémur, a la que predisponen la baja densidad ósea y la gran masa muscular de la especie.11 Por ello, la contención debe realizarse de forma segura, sujetando tanto el tren anterior como el posterior y evitando que las extremidades posteriores se extiendan por completo y den una patada,12,13 así como cualquier movimiento que pueda provocar una respuesta brusca del animal (Figura 2).

Figura 2A-B. Radiografías ventrodorsales de la pelvis y de las extremidades posteriores del conejo en un caso de luxación coxofemoral.
Figura 2B.

Elección de la vía de acceso

La vena marginal de la oreja permite colocar el catéter con una sujeción sencilla, sin necesidad de sedación,2 y, dada su localización, es menos susceptible a que el conejo la lama o la mastique que los catéteres de la cefálica y la safena, más accesibles para el animal.2 Por el contrario, la vena cefálica solo es accesible una porción corta de la vena y la sujeción con el miembro extendido puede resultar estresante.1 Un estudio prospectivo reciente, que evaluó 151 colocaciones de catéter en conejos, mostró que la tasa de fallo en la colocación fue significativamente mayor en la vena cefálica que en la vena marginal de la oreja o en la vena safena lateral, sin diferencias entre los operadores; conviene tener en cuenta que el grupo de la cefálica fue el más reducido (n = 39, frente a 58 en la safena y 54 en la oreja) y que el resultado se encuentra próximo al límite de significación. Los autores plantean como posibles explicaciones que la vena cefálica es más pequeña que la safena lateral, que la extremidad anterior es más corta que la posterior y que, en algunos conejos, la flexión del codo puede dificultar la inserción del catéter en la vena. En la vena marginal, el fallo se asoció con la longitud de la oreja, y no se observaron complicaciones mayores en ninguno de los tres accesos.2

Sin embargo, la vena marginal es un vaso superficial y de pequeño calibre, típicamente menor que las venas de las extremidades,2 y tiende a colapsarse con facilidad.14 En razas de oreja corta, como el Netherland Dwarf, el acceso es difícil, y el vendaje puede hacer incómodo este sitio para accesos prolongados.1Además, la piel de la oreja es muy fina y delicada, por lo que existe el riesgo de atravesar completamente el pabellón auricular durante la venopunción si no se emplean una técnica, una presión y un calibre de catéter adecuados. Por este motivo, es fundamental realizar la inserción de forma cuidadosa y controlada: una técnica deficiente se ha asociado a complicaciones como necrosis, trombosis o desprendimiento del pabellón auricular.

Por último, junto a la vena marginal de la oreja discurre la arteria auricular central. Durante la colocación del catéter es fundamental identificar correctamente ambas estructuras y evitar la punción arterial, que conlleva riesgo de necrosis y pérdida del pabellón auricular.2,14 Tampoco deben inyectarse fármacos en la arteria central.7

Al canalizar la vía en conejos, tanto en la vena marginal auricular como en la cefálica o la safena, las dificultades durante la colocación se deben, en primer lugar, a que las venas son pequeñas, lo que dificulta canalizarlas y mantener la permeabilidad del catéter, y a que la técnica resulta más difícil en pacientes con mala perfusión periférica.1 En la vena marginal, además, el vaso se colapsa con facilidad,14 y la vasoconstricción asociada a hipotensión o hipotermia hace de la vena auricular una mala opción en pacientes hipotérmicos o con perfusión insuficiente.16 En la safena lateral, la movilidad de la vena puede dificultar la canalización.1,2 Por último, si no se comprime el punto de punción al terminar el procedimiento, se forman rápidamente hematomas grandes.6

Selección del catéter

A la hora de seleccionar el catéter, se debe utilizar un calibre adecuado al diámetro de la vena, que en el conejo suele ser pequeño,1 teniendo en cuenta las características del paciente y evitando causar traumatismos o daños en el vaso. La safena lateral suele permitir el acceso con un catéter de mayor calibre que la oreja.17

En conejo usamos principalmente vías violetas (26G) o amarillas (24G), reservando las azules (22G) para conejos de mayor tamaño (Figura 3).15,18

Figura 3. Catéteres intravenosos de distinto calibre: 22G (azul), 24G (amarillo) y 26G (violeta).

Técnica de colocación

Para la colocación del acceso venoso se recomienda la participación de dos personas: una encargada de realizar la sujeción y contención adecuada del paciente y otra responsable de la colocación del catéter.

En primer lugar, se prepara la zona retirando el pelo del lateral del pabellón auricular, dejando correctamente expuesta la vena marginal de la oreja; se recomienda recortar o depilar con cuidado en lugar de rasurar, dado que la piel del conejo es fina y delicada y puede desgarrarse.5,6 A continuación, la persona encargada de la sujeción realiza una compresión en la base del pabellón auricular, con el objetivo de favorecer la ingurgitación y visualización de la vena.19

Una vez localizada y preparada la zona, se realiza la antisepsia correspondiente. Posteriormente, puede administrarse lidocaína local subcutánea en el punto previsto para la inserción del catéter, a una dosis inferior a 2 mg/kg,20 con el objetivo de proporcionar analgesia y disminuir las molestias asociadas al procedimiento.

Tras esto, se determina el punto de entrada y se procede a la colocación del catéter con el bisel hacia arriba y un ángulo bajo (inferior a 30°),19 teniendo en cuenta el calibre adecuado y la fragilidad de la vena. Una vez introducido, se fija correctamente para evitar desplazamientos o extravasaciones. Cabe destacar que, según un estudio reciente con 70 estudiantes de veterinaria de último curso, la colocación del catéter en la vena marginal de la oreja es una técnica accesible incluso para manos poco experimentadas, con una tasa de éxito al primer intento del 78,5 % y un tiempo medio de colocación de 4 minutos y 10 segundos, por lo que sus autores proponen incluirla como habilidad clínica básica en la formación de grado.21

En el caso de la vena cefálica, se mantiene la participación de dos personas, y la encargada de la sujeción inmoviliza al paciente de forma firme y segura, evitando movimientos bruscos que puedan lesionar la columna, mientras extiende el miembro anterior y realiza una compresión a la altura del codo para favorecer la ingurgitación de la vena.6 Se recorta el pelo de la cara dorsal del antebrazo (también puede humedecerse para visualizar mejor la vena),15 se realiza la antisepsia y, de forma opcional, se administra lidocaína local por vía subcutánea, a una dosis inferior a 2 mg/kg,20 en el punto previsto para la inserción del catéter. Dado que la vena es fina y muy móvil, se tensa ligeramente la piel para estabilizarla antes de introducir el catéter con el bisel hacia arriba, en un ángulo bajo y en dirección proximal, avanzándolo una vez se observa el retorno de sangre. El catéter no debe colocarse demasiado cerca de la articulación del codo, porque la flexión reduce el flujo sanguíneo o impide la permeabilidad del catéter.2 Después se fija con esparadrapo y un vendaje ligero que no comprima el miembro (Figura 4).

Figura 4A-C. Canalización de la vena cefálica en el conejo: (A) punción del vaso con el catéter.
Figura 4A-C. Canalización de la vena cefálica en el conejo: (B) comprobación del retorno de sangre.
Figura 4A-C. Canalización de la vena cefálica en el conejo: (C) catéter introducido en la vena.

En la vena safena lateral, el procedimiento es similar, pero con el paciente en decúbito lateral y el miembro posterior extendido: se recorta el pelo de la cara lateral de la pierna, donde la vena cruza de forma oblicua la tibia (la visualización mejora aplicando alcohol con moderación),5,17 y la persona que sujeta comprime la vena rodeando el muslo proximal o a la altura de la rodilla.6,7 Se realiza la antisepsia, se administra opcionalmente lidocaína local por vía subcutánea (< 2 mg/kg)20 en el punto de inserción, se estabiliza la vena tensando la piel y se introduce el catéter en dirección proximal (hacia la rodilla). Como en esta localización la vena es más móvil que la cefálica o la de la oreja,2 la fijación debe ser especialmente cuidadosa, con un vendaje que sujete el catéter sin limitar la circulación (Figura 5).

Figura 5A-B. Canalización de la vena safena lateral en el conejo: (A) sujeción del paciente en decúbito lateral.
Figura 5A-B. Canalización de la vena safena lateral en el conejo: (B) punción del vaso con el catéter.

Finalmente, se realiza un lavado (flushing) del catéter con solución salina heparinizada (10 mg de enoxaparina sódica por cada 100 ml de suero salino), con el objetivo de comprobar la permeabilidad y asegurar el correcto funcionamiento del acceso vascular.

Al canalizar la vía en conejos, tanto en la vena marginal auricular como en la cefálica o la safena, las dificultades antes de la colocación suelen deberse a que son venas muy finas y frágiles, con paredes que se rompen fácilmente y provocan hematomas, y a que en la cefálica y la safena la vena es muy móvil y se desplaza bajo una piel muy fina, lo que obliga a rasurar bien, sujetar con firmeza y a veces tener varios intentos; además, en pacientes hipovolémicos o estresados la vena colapsa y cuesta más visualizarla, y en la oreja el vasoespasmo por frío o manipulación brusca dificulta la punción. Después de colocarla, las complicaciones más habituales son que el conejo se la arranque o la manipule con la boca o las patas si la zona es muy accesible (sobre todo en la cefálica y la safena, aunque también en la oreja), que el catéter se acode o se salga por movimiento y pierda la vía, y que aparezcan flebitis, extravasación con inflamación local o incluso necrosis auricular si el vendaje aprieta demasiado, por lo que conviene fijarla bien, proteger la zona con vendaje o collar isabelino y revisarla con frecuencia.

Fijación y vendaje

Se recomienda fijar el catéter inicialmente con esparadrapo de papel y, posteriormente, protegerlo mediante una venda autoadherente. En el acceso a la vena marginal de la oreja, se recomienda colocar en la cara interna del pabellón un soporte que mantenga la forma de la oreja (por ejemplo, un pequeño rollo de venda blanda) sobre el que fijar el catéter, evitando que el pabellón quede plegado sobre sí mismo.17 Dado que la necrosis del pabellón auricular es el principal riesgo asociado a este acceso,2 conviene evitar que el vendaje comprima la oreja (Figura 6).

Figura 6A-C. Fijación del catéter en la vena marginal de la oreja: (A) esparadrapo de papel sobre el catéter.
Figura 6A-C. Fijación del catéter en la vena marginal de la oreja: (B) soporte de venda blanda en la cara interna del pabellón.
Figura 6A-C. Fijación del catéter en la vena marginal de la oreja:(C) vendaje autoadherente final.

Mantenimiento y comprobación

El mantenimiento del catéter intravenoso requiere una vigilancia periódica que garantice su correcto funcionamiento durante todo el tiempo que permanezca colocado. Es fundamental comprobar que el acceso vascular se mantiene permeable y que no existen obstrucciones que puedan comprometer la administración de fluidos o medicamentos.

Antes de cada administración intravenosa, debemos comprobar el paso de fluidos con suero salino heparinizado a través del catéter, prestando atención a posibles resistencias, inflamación o molestias en el paciente. Esta comprobación permite detectar desplazamientos u obstrucciones y verificar que el acceso continúa siendo funcional.

Asimismo, es importante evitar los acodamientos y las torsiones en los sistemas de infusión, ya que pueden interrumpir el flujo y se encuentran entre las complicaciones descritas en conejos.2 Para prevenir que el conejo los muerda, se recomienda protegerlos con una funda de plástico transparente que permita mantenerlos visibles y detectar posibles alteraciones.

Durante la hospitalización, se debe revisar periódicamente el punto de inyección, observando la aparición de edema, cambios de coloración o cualquier signo de inflamación que pueda indicar una complicación. Si se detecta alguna anomalía, debe interrumpirse la administración y valorar el estado del catéter antes de volver a utilizarlo.

Una vez que el acceso intravenoso deja de ser necesario, se procede a su retirada. Tras la extracción, recomendamos la aplicación de Trombocid y un masaje en la zona de punción para favorecer la circulación local y se comprueba que no exista sangrado persistente ni alteraciones en los tejidos circundantes.

Conclusión

La colocación y el mantenimiento de un catéter intravenoso en lagomorfos requieren conocimientos anatómicos, una técnica cuidadosa y una correcta adaptación al paciente. La elección del acceso vascular, el calibre adecuado, una correcta contención, la fijación y el mantenimiento de la vía son aspectos fundamentales para conseguir un acceso seguro y funcional, tanto durante la hospitalización como durante procedimientos quirúrgicos.

No debemos olvidar que la colocación del catéter es solo una parte del procedimiento. La vigilancia posterior resulta igual de importante: comprobar periódicamente la permeabilidad, observar el punto de inserción y detectar de forma precoz signos de extravasación, desplazamiento, inflamación o alteraciones en la circulación permite prevenir complicaciones y garantizar que la vía siga siendo útil cuando el paciente la necesite.

El hecho de trabajar con lagomorfos no debería hacer que la colocación de una vía intravenosa se perciba como un procedimiento excepcional. Existen particularidades anatómicas y de manejo que debemos conocer y respetar, pero la base del procedimiento sigue siendo la misma: identificar correctamente el vaso, utilizar un material adecuado, trabajar con precisión y mantener posteriormente la vía en buenas condiciones.

Como ATV, debemos estar preparados para realizar y asumir este tipo de procedimientos también en especies distintas de perros y gatos. Ampliar nuestras habilidades en medicina de animales exóticos forma parte de nuestro trabajo y nos permite participar de forma activa en la atención del paciente, tanto en cirugía como en hospitalización.

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