Clinlabvet

Principales enfermedades víricas en hurones en la clínica veterinaria diaria de España

Resumen breve

Los hurones (Mustela putorius furo) son animales de compañía cada vez más habituales en los hogares, por lo que se ha aumentado su presencia en la clínica diaria veterinaria y es necesario conocer en profundidad las patologías que les pueden afectar. Entre ellas, las enfermedades víricas son importantes por su elevada transmisibilidad, gravedad clínica y, en algunos casos, por su carácter zoonósico.

En esta revisión se recogen las principales enfermedades víricas que pueden…

RESUMEN

Los hurones (Mustela putorius furo) son animales de compañía cada vez más habituales en los hogares, por lo que se ha aumentado su presencia en la clínica diaria veterinaria y es necesario conocer en profundidad las patologías que les pueden afectar. Entre ellas, las enfermedades víricas son importantes por su elevada transmisibilidad, gravedad clínica y, en algunos casos, por su carácter zoonósico.

En esta revisión se recogen las principales enfermedades víricas que pueden afectar a los hurones domésticos, incluyendo el moquillo, la influenza, las infecciones por coronavirus (forma entérica y sistémica), la rabia y la enfermedad aleutiana. Estas patologías pueden cursar con cuadros clínicos variables, desde procesos leves y autolimitantes hasta enfermedades graves con elevada mortalidad, especialmente en animales jóvenes, no vacunados y/o alojados en colectividades.

El diagnóstico se basa en una adecuada anamnesis, la exploración física y el uso de pruebas de laboratorio como técnicas serológicas, pruebas moleculares (PCR) e histopatología, siendo estas últimas fundamentales para la confirmación de algunas de estas enfermedades. En la mayoría de los casos, el tratamiento es sintomático y de soporte, debido a la ausencia de tratamientos antivirales específicos.

La prevención es la herramienta principal para el control de estas enfermedades, destacando la vacunación en aquellas enfermedades que sea posible, las medidas de bioseguridad, la cuarentena de nuevas incorporaciones y la educación de los tutores.

INTRODUCCIÓN

Los hurones (Mustela putorius furo) son pequeños mamíferos de la familia Mustelidae domesticados en Europa hace 2000 años aproximadamente, siendo mascotas cada vez más habituales en el mundo1,2. En España, la tenencia de estos animales aumentó exponencialmente entre 2012 y 2015. Según los últimos datos registrados de población doméstica de hurones, se estima que hay una población aproximada de 20000 hurones en los hogares españoles3.

Son animales estrictamente carnívoros, con necesidades nutricionales de proteína de calidad elevados (30-40 %), pudiendo consumir piensos comerciales o dietas naturales (alimentación BARF). Son animales sociales que interactúan y disfrutan de la compañía de otros hurones, así como de las personas2,4,5.

Al igual que en perros y gatos, así como otras especies de mamíferos exóticos (conejos, roedores, erizos), los hurones pueden ser susceptibles de padecer enfermedades infecciosas, tanto de origen vírico (moquillo, parvovirus, coronavirus), bacteriano (Helicobacter, Salmonella, etc.) y parasitario (Dirofilaria immitis, Leishmania, etc.). Algunas de estas enfermedades pueden ser mortales para ellos, así como presentar carácter zoonósico, como el caso de las micobacterias, rabia o influenza2,5,6.

Estos patógenos pueden transmitirse a través del contacto directo entre hurones infectados (sobre todo animales juveniles y en colectividades) mediante el contacto de heces, orinas y otras secreciones, la exposición a fómites contaminados, a través de vectores (dirofilariosis) y, en algunos casos, de forma vertical. La presentación clínica varía desde cuadros subclínicos hasta enfermedades graves con alta mortalidad. Los signos clínicos más frecuentes incluyen cuadros digestivos (diarreas, inapetencia, adelgazamiento excesivo), respiratorios (estornudos, toses, descarga nasal), neurológicos (ataxia, debilidad del tercio posterior) y dermatológicos (alopecias, prurito excesivo, eritemas)4,5,6.

Para el diagnóstico de las enfermedades víricas en hurones, se debe realizar una amplia anamnesis, incidiendo en la alimentación dada (pienso comercial o dieta BARF), en la pauta de desparasitación y vacunación, así como el estilo de vida del animal (si tiene acceso o no al exterior), continuar con una exploración física general y el empleo de diferentes pruebas de laboratorio5,6. Para ello, se pueden emplear análisis coprológicos, técnicas serológicas como el proteinograma, pruebas moleculares como la PCR y estudios de histopatología, entre otras pruebas laboratoriales2,6.

El tratamiento se basa en función de la patología diagnosticada. Para las enfermedades víricas, principalmente serán tratamientos sintomáticos y de soporte, debido a que no existen terapias antivirales específicas en la mayoría de los casos. Para las enfermedades bacterianas, parasitarias y fúngicas, se debe identificar el agente causal y generalmente existen tratamientos específicos, aunque puede haber resistencias a los fármacos empleados y, en ocasiones, puede haber enfermedades concomitantes4,5.

La prevención es esencial para evitar la transmisión y afectación de estas enfermedades en los hurones, incluyendo medidas de bioseguridad en los centros de cría principalmente, cuarentena para las nuevas incorporaciones, una adecuada pauta de desparasitación y vacunación, como una alimentación correcta2,5 (Figura 1).

Figura 1. Cría de hurón en la primera consulta veterinaria.

MOQUILLO

Introducción

El virus del moquillo en hurones es un virus del género Morbilivirus y perteneciente a la familia Paramyxoviridae. Puede afectar a otros mustélidos, así como cánidos y félidos. Los hurones son muy sensibles a este tipo de virus y la gravedad de la enfermedad depende de la cepa del virus y la inmunocompetencia del hurón afectado. Algunas cepas producen enfermedades neurológicas con altas tasas de mortalidad, mientras que otras solo producen neumonía con tasas de mortalidad más bajas2,5.

Esta enfermedad se caracteriza por una muerte aguda de los hurones mientras que en adultos suelen ser signos clínicos inespecíficos (pérdida de peso, anorexia, letargia) así como signos respiratorios4,6.

La transmisión del virus se produce mediante aerosoles, fómites o por contacto directo con fluidos (orina, sangre, secreciones) que contengan el virus. El periodo de incubación es de 4-56 días aproximadamente, mientras que el periodo de desarrollo de la enfermedad puede variar de 5-35 días, pudiendo alargarse en el tiempo4,5.

Signos clínicos

Los signos clínicos iniciales son muy similares a los de la influenza como letargia, hiporexia, fiebre, pero transcurridos 24-48 horas de iniciarse estos signos, empiezan a observarse otros distintos4. Presentan habitualmente descargas nasales y oculares (al principio serosa y después evoluciona a mucopurulenta) y signos respiratorios (toses, estornudos y disnea)2,5. A medida que avanza la enfermedad, se observan erupciones eritematosas en la zona de la barbilla y comisura labial que se extiende hacia las ingles, prurito generalizado e hiperqueratosis en las almohadillas. Finalmente, los signos respiratorios son más graves (neumonías bacterianas) y se observan signos neurológicos graves como paresia, mioclonos y convulsiones que les causa, por norma general, la muerte2,5,6 (Figura 2).

Figura 2. Hurón con signos clínicos de apatía, letargia, inflamación palpebral.

Hay ocasiones, que según la cepa que presenten, no se observan todos los signos descritos y pueden fallecer antes de llegar a presentar convulsiones o signos respiratorios graves2.

Diagnóstico

El diagnóstico se puede realizar mediante la exploración física, así como la historia clínica en aquellos animales no vacunados y que hayan tenido contacto con otros hurones y/o perros. Mediante radiografías se pueden observar alteraciones pulmonares compatibles con neumonía y en el hemograma una anemia leve y regenerativa2,5,6. Aunque estas pruebas pueden servir de ayuda, la técnica de diagnóstico de elección es un test de inmunofluorescencia para detectar antígeno del virus en muestras de raspado conjuntival, tonsilas y secreciones respiratorias al igual que la PCR de esas muestras2,5. En aquellos animales fallecidos, la prueba de elección es la histopatología, siendo el cerebro, pulmón, piel y vejiga, los tejidos preferidos para detectar los cuerpos de inclusión y detallar las lesiones características2,6.

Tratamiento

No existe actualmente ningún tratamiento efectivo frente a esta enfermedad, aunque en aquellos hurones afectados con cepas de baja patogenicidad y el tratamiento se ha instaurado rápidamente, pueden llegar a sobrevivir4,5.

El tratamiento se basa principalmente en los signos clínicos observados. Se pueden emplear antibióticos de amplio espectro (amoxicilina-clavulánico 12.5 mg/kg/12 h vía oral)2,7 cuando presenten neumonía, suplementos vitamínicos (vitamina A y C), así como fluidoterapia, soporte nutricional, fármacos antipruriginosos (difenhidramina 0.5 mg/kg/12 h vía intramuscular), antiinflamatorios (meloxicam 0.1 mg/kg/24 h vía subcutánea)2,6,7.

Generalmente el pronóstico es malo y la mortalidad se acerca al 100 %, valorando la posibilidad de realizar la eutanasia para evitar el sufrimiento animal y reducir la dispersión del virus4,5.

Prevención

La principal medida de prevención de esta enfermedad es la vacunación de los hurones. En hurones juveniles, se debe hacer una primovacunación a partir de las 8 semanas, revacunando al mes. En adultos, se debe hacer una vacunación anual4.

Hay que tener en cuenta que no se comercializan vacunas específicas para hurones y el uso de las vacunas comercializadas frente a moquillo canino son estudiadas principalmente en perros, por lo que se debe tener cuidado a la hora de vacunar a los hurones4,5.

Se debe evitar el contacto de hurones no vacunados con otros hurones y perros al igual que evitar el acceso al exterior. Asimismo, se deben eliminar aquellos objetos contaminados y realizar buenas medidas de higiene en criaderos, así como cuarentenas en aquellos sospechosos2,4.

INFLUENZA

Introducción

El virus de la influenza es un virus ARN que pertenece a la familia Orthomyxoviridae. Este virus es de gran importancia debido a que además de afectar a los hurones, puede infectar a las aves de corral, así como a las personas. Se considera por tanto una zoonosis. Pueden infectarse a través de los humanos, como estos a través de los hurones2,5,6.

La transmisión se produce por la inhalación de aerosoles y el contacto con las secreciones respiratorias. El periodo de incubación es inferior a las 48 horas y suelen tener buen pronóstico. Suele haber mucha morbilidad, pero la mortalidad es relativamente baja2,5.

Signos clínicos

Los principales signos clínicos que presentan son de vías respiratorias altas. Se puede observar estornudos, descarga nasal serosa y ocular que a veces puede evolucionar a mucopurulenta al igual que otros signos clínicos inespecíficos como letargia, fiebre y anorexia. En algunos casos, se puede complicar con infecciones bacterianas secundarias y/o enteritis2,4.

Al principio, se debe hacer un diagnóstico diferencial con el moquillo canino, siendo la diferencia principal que en el moquillo canino aparecen más tarde lesiones eritematosas y signos neurológicos5.

Por norma general, el cuadro es leve y autolimitante, durando la enfermedad en torno a 5-10 días. En cachorros y animales juveniles puede ser más grave, pudiendo causar la muerte, aunque es poco probable4,6.

Diagnóstico

El diagnóstico se realiza principalmente mediante la historia clínica y la presentación de los signos clínicos. Para confirmar el virus, se puede realizar una serología o una prueba de inhibición de hemoaglutinación de las secreciones nasales2.

Tratamiento

Debido a que la enfermedad suele ser leve, en ocasiones los animales se recuperan sin necesidad de tratamiento. Si fuera necesario, el tratamiento es de soporte principalmente, empleando antiinflamatorios, analgésicos, antihistamínicos y, en aquellos casos más avanzados, utilizar fluidoterapia y alimentación forzada. El uso de antipiréticos se desaconseja ya que la fiebre ayuda a la eliminación del virus. Se debe utilizar únicamente antibióticos en aquellos casos confirmados de infecciones bacterianas secundarias2,5,6.

Prevención

La mejor medida de prevención es que las personas con gripe no tengan contacto con los hurones para evitar el contagio. El uso de productos de limpieza ayuda a inactivar el virus en el ambiente. La vacunación no se realiza en estos animales2,5.

CORONAVIRUS

Introducción

Los coronavirus que afectan a los hurones son virus ARN de la familia Coronaviridae y son agentes infecciosos habituales en ellos. Hay dos presentaciones clínicas bastante diferenciadas causadas por distintos tipos de coronavirus, el coronavirus entérico causante de la enteritis catarral epizoótica y el coronavirus sistémico similar al de la peritonitis infecciosa felina2,6.

El coronavirus entérico de los hurones es una enfermedad diarreica altamente transmisible entre los hurones. Los adultos son más susceptibles de padecer la enfermedad, tras exponerse a un hurón joven infectado. El periodo de incubación es de 48-72 horas, observándose tras ello letargia, anorexia y diarreas profusas de color verdoso. Suelen tener una elevada morbilidad, pero baja mortalidad, sobre todo si el tratamiento se instaura rápido2,5,6.

El coronavirus sistémico se describió por primera vez en España en 2004, produciendo peritonitis y perivasculitis piogranulomatosas en el mesenterio y diferentes órganos (bazo, hígado, riñones, etc.). Afecta sobre todo a hurones jóvenes (menores de año y medio). Los signos clínicos que presentan son inespecíficos incluyendo letargia, anorexia y adelgazamiento. Los signos clínicos no son causados por el propio virus sino por la respuesta inmune que desencadena2,5.

Signos clínicos

Los signos clínicos más habituales del coronavirus entérico son principalmente diarreas catarrales, así como letargia, pérdida de peso y anorexia. Aquellos animales que superan la enfermedad se pueden quedar como portadores del virus. Se debe realizar un diagnóstico diferencial con otras patologías que cursen con este cuadro digestivo como moquillo, enfermedad aleutiana y diarreas de origen bacteriano y parasitario2,4,5.

Respecto al coronavirus sistémico, presentan una variedad de signos clínicos inespecíficos como vómitos, diarreas, hiporexia/anorexia, prolapso rectal, masas palpables en abdomen, ictericia y en algunos casos signos cardiorrespiratorios (soplos, toses, disnea, etc.) y neurológicos (ataxia, paresia, convulsiones)2,5.

Diagnóstico

Para diagnosticar el coronavirus entérico se puede hacer mediante una PCR de las heces o de tejido de intestino delgado2.

Para hacer un diagnóstico adecuado frente al coronavirus sistémico, se puede orientar mediante la palpación de masas abdominales y esplenomegalia, así como visualizar linfonodos mesentéricos reactivos y peritonitis mediante ecografía2,4,5. Asimismo, se puede hacer un proteinograma, observando hipergammaglobulinemia y un hemograma (anemia no regenerativa y leucocitosis). El diagnóstico definitivo se realiza mediante biopsia de un tejido afectado realizando la prueba de inmunohistoquímica, así como la histopatología2,5 (Figura 3).

Figura 3. Ecografía de abdomen de un hurón donde se observa linfadenopatía mesentérica.

Tratamiento

El tratamiento frente al coronavirus entérico se basa en el empleo de fluidoterapia, alimentación forzada, antibioterapia si fuera necesario y el uso de prednisona (1 mg/kg/12 h vía oral). En algunas ocasiones, tras recuperarse de esta enfermedad, los hurones pueden desarrollar una mala absorción y presentar diarreas intermitentes2,5.

Frente al coronavirus sistémico no existe un tratamiento, pudiendo administrar únicamente tratamientos de soporte y sintomático5. Los últimos estudios, indican que el uso del GS-441524 (2-15 mg/kg vía subcutánea 2-3 veces por semana hasta remisión de los signos clínicos y alteraciones laboratoriales) podría ser eficaz frente a esta enfermedad y recuperar a los hurones afectados8. Asimismo, el empleo de prednisona y azatioprina puede alargar la esperanza de vida de los animales afectados2,5.

El pronóstico del coronavirus sistémico es grave y la mortalidad por el momento está próximo al 100 %5.

Prevención

Las medidas de prevención se basan en una higiene adecuada de los criaderos y colectividades, limpieza diaria de las heces y aislamiento de hurones afectados por el virus. Por el momento no existe ninguna vacuna disponible frente a estas enfermedades4,5.

RABIA

Introducción

Es una enfermedad causada por un virus (Lyssavirus)poco común en los hurones, pero que se debe tener en cuenta por ser considerada una zoonosis de gran relevancia a nivel mundial. El virus se distribuye en todo el mundo, excepto en Australia, Nueva Zelanda, Japón y otras islas. Puede transmitirse a los hurones a través de perros, gatos, zorros, otros mamíferos terrestres y murciélagos infectados con el virus. Los hurones alojados al aire libre y empleados para la caza pueden estar en riesgo de exposición2,5,6.

Se transmite a través de la saliva mediante la mordedura de un animal infectado. El periodo de incubación es de 30-35 días aproximadamente, falleciendo los hurones a los 4-5 días de aparecer los signos clínicos2,5.

Signos clínicos

Los signos clínicos son principalmente neurológicos, afectando al sistema nervioso central. Se puede observar una paresia/parálisis de las extremidades posteriores, así como cambios de comportamientos como agresividad exagerada, ansiedad, hiperactividad4,5.

Diagnóstico

El diagnóstico se realiza mediante necropsia en el Laboratorio Nacional de Referencia detectando el virus principalmente en las glándulas salivales y sistema nervioso central con pruebas de inmunohistoquímica2,4,5.

Prevención

La principal medida de prevención es la vacunación antirrábica en aquellos hurones que puedan estar expuestos y en aquellas comunidades autónomas que sea obligatoria la vacunación. La vacuna empleada debe ser siempre inactivada4,5.

ENFERMEDAD ALEUTIANA

Introducción

Esta enfermedad está causada por un parvovirus. Afecta sobre todo los visones, documentándose por primera vez en 1940 en una granja de visones de Estados Unidos. Se transmite principalmente por la inhalación de aerosoles, contacto con orinas, heces o saliva de animales infectados y/o fómites. También se puede transmitir mediante vía vertical, aunque solo se ha registrado en visones2,5,6.

El periodo de incubación puede variar desde 24 horas hasta 4 años, habiendo incluso animales que sean portadores asintomáticos5.

Se produce la enfermedad por la formación de inmunocomplejos que causan alteraciones en distintos órganos (riñones, encéfalo, hígado) y muestran los signos clínicos que se describen a continuación2,4.

Signos clínicos

La mayoría de los hurones afectados muestran un adelgazamiento progresivo y una debilidad crónica, así como un cuadro crónico que termina por causar la muerte del animal. Presentan de forma general, ataxia, incoordinación, paresia, temblores y otros signos neurológicos. A veces, pueden observarse incontinencia urinaria y fecal, o incluso muerte súbita2,5,6.

En algunas ocasiones, pueden sobrevivir si el proceso es autolimitante y no persiste en el tiempo5.

Diagnóstico

El diagnóstico se basa en el examen físico, observando palidez de mucosas y mediante ecografía, detectando esplenomegalia evidente, hepatomegalia y linfadenopatía. Se puede realizar de forma complementaria analíticas sanguíneas, observando hipoalbuminemia e hipergammaglobulinemia, junto con anemia, azotemia y alteración de enzimas hepáticas2,5 (Figura 4).

Figura 4. Hurón intervenido quirúrgicamente por esplenomegalia.

El diagnóstico definitivo se realiza mediante la PCR de tejidos afectados mientras que la serología (ELISA) puede ayudar a hacer un cribado de animales seropositivos frente a seronegativos2,6.

Tratamiento

El tratamiento se basa en una terapia de soporte y de los signos clínicos que presenta, evitando, sobre todo, la formación de inmunocomplejos. Se puede utilizar antiinflamatorios e inmunosupresores (prednisona, ciclofosfamida) y controlar infecciones secundarias mediante antibioterapia2,5.

Prevención

No existe ningún tipo de vacuna frente a esta enfermedad. Los animales afectados se deben aislar, sobre todo los que actúan como portadores asintomáticos, mientras que los que muestren la enfermedad, sino se recuperan, se debería hacer una eutanasia humanitaria para evitar la diseminación de la enfermedad. Como en las anteriores enfermedades, hay que extremar la higiene y limpieza, sobre todo en aquellos lugares donde haya colectividades2,4.

CONCLUSIONES

Las enfermedades víricas son patologías relevantes en la medicina de hurones debido a su variedad, alta capacidad de transmisión y, en muchas ocasiones, a su alta mortalidad. Enfermedades víricas como el moquillo y el coronavirus sistémico son procesos de gran importancia en la clínica diaria, mientras que otras, como la influenza o la rabia, son relevantes por su potencial zoonósico (Tabla 1).

Tabla 1. Enfermedades víricas en hurones.

EnfermedadAgente etiológicoTransmisiónSignos clínicosDiagnósticoTratamientoPrevención
Moquillo caninoVirus del moquillo caninoAerosoles, contacto directo, fómitesLetargia, fiebre, signos respiratorios, hiperqueratosis, signos neurológicosPCR, inmunofluorescencia, histopatologíaTratamiento sintomático y de soporteVacunación y medidas de bioseguridad
InfluenzaVirus de la influenzaAerosoles y secreciones respiratorias (zoonosis)Estornudos, descarga nasal, fiebre, letargia, anorexiaHistoria clínica, serología, inhibición de hemoaglutinaciónTratamiento de soporteEvitar contacto con personas infectadas, higiene
Coronavirus entéricoCoronavirus entérico del hurónVía fecal-oralDiarrea catarral verdosa, letargia, pérdida de pesoPCR en heces o tejido intestinal
 
Soporte, fluidoterapia, nutrición asistidaHigiene, aislamiento y bioseguridad
Coronavirus sistémicoCoronavirus sistémico del hurónMutación del coronavirus entéricoAdelgazamiento, anorexia, masas abdominales, signos neurológicosHistopatología, inmunohistoquímica, ecografía, proteinogramaSoporte; uso experimental de GS-441524Bioseguridad; no existe vacuna
RabiaVirus de la rabiaMordeduras y salivaCambios de comportamiento, agresividad, paresia/parálisisInmunohistoquímica postmortemNo existe tratamientoVacunación según normativa vigente
Enfermedad aleutianaParvovirusAerosoles, secreciones y fómitesAdelgazamiento progresivo, debilidad crónica, signos neurológicosSerología (ELISA), PCR y analítica sanguíneaSoporte e inmunosupresiónAislamiento y control sanitario

El diagnóstico de estas enfermedades es esencial para mejorar el pronóstico y reducir la diseminación de estos virus. El uso de pruebas moleculares, serológicas e histopatológicas permiten una identificación precisa de los patógenos implicados.

Dado que en la mayoría de las enfermedades víricas descritas no existen tratamientos eficaces, la prevención es la estrategia más efectiva. La vacunación adecuada en aquellas enfermedades posibles, junto con medidas de bioseguridad, higiene, cuarentena y un correcto manejo sanitario, es clave para reducir la incidencia de estas enfermedades.

La formación continua del personal veterinario y la concienciación de los tutores son temas fundamentales para garantizar la salud y el bienestar de los hurones, así como para minimizar los riesgos sanitarios asociados a estas enfermedades tanto en el ámbito clínico como en el de la salud pública.

Bibliografía

  1. Villora, J., Lebrero, M.E., Giner, J.et al.Seroepidemiological study ofLeishmania infantum,Toxoplasma gondiiandDirofilaria immitisin pet ferrets (Mustela putorius furo) in Spain.Vet Res Commun49, 160 (2025). https://doi.org/10.1007/s11259-025-10729-5
  2. Johnson-Delaney CA. Ferret Medicine and Surgery. 2017. CRC Press.
  3. MAGRAMA (Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente) (2015) Análisis y caracterización del sector de mascotas.
  4. Jiménez J, Domingo R, Crosta L, Martínez-Silvestre A. Manual clínico de animales exóticos. 2009. Multimédica Ediciones Veterinarias.
  5. Domingo Ollé R, DiGeronimo PM, Brandao J, Rodríguez Barbón A. Clínica de animales exóticos. Volumen II: pequeños mamíferos y fauna salvaje. 2022. Improve Formación Veterinaria.
  6. Quesenberry KE, Orcutt CJ, Mans C, Carpenter JW. Ferrets, rabbits, and rodents clinical medicine and surgery. 2021. Fourth Edition, Elsevier.
  7. Montesinos A, Ardiaca M. Guía de terapéutica en animales exóticos. 2017. Multimédica Ediciones Veterinarias.
  8. Camba Caride, E., Ardiaca García, M., Bonvehí Nadeu, C., Basurco Pérez, A., Capdevila Andrés, M., Montesinos Barceló, A. and Juan-Sallés, C. (2025), Treatment with subcutaneous GS-441524 in ferrets affected by ferret systemic coronavirus-associated disease: seven cases (2021-2024). J Small Anim Pract, 66: 877-885.https://doi.org/10.1111/jsap.13906

Regístrate en CLINVET y podras acceder a todo nuestro contenido totalmente gratis

Sin cuotas, sin sorpresas, sin spam.
En 1 minuto estarás leyendo este artículo.

Especie

Perros513
Gatos386
Reptiles26
Conejos36
Aves27
Otros animales37

Revista

Clinanesvet

Clincardiovet

Clincirvet

Clinetovet

Clinnutrivet

Clinfelivet

Clininfectovet

Clindervet

Clinoncovet

Clinlabvet

Clinurgevet

Clinatv

Accede a CLINVET y podrás visualizar todo nuestro contenido

Recuerda que para poder leer nuestras revistas debes ser un usuario registrado y eso implica la aceptación del aviso legal y los términos y condiciones de uso. Si ya estás registrado inicia sesión.
@
*****
Acceder

Recordar contraseña


No tengo usuario, Registrarse gratis

Regístrate en CLINVET y podrás acceder a todo nuestro contenido

Las revistas Clinvet són exclusivas para veterinarios. Al registrarte, declaras ser veterinario y aceptar los Terminos y Condiciones.
@
*****
Nombre
País
Teléfono
Enviar

¿Has olvidado tu contraseña?

Indícanos tu correo electrónico y recibirás un correo con las instrucciones para restaurarla. Si no lo recibes, revisa tu carpeta de spam.
@
Enviar
Consultas