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Manejo y reducción del estrés en gatos hospitalizados

Resumen breve

El gato no es el paciente más frecuente en los centros veterinarios pero cada día aumenta más su presencia en los servicios clínicos gracias al cambio de mentalidad en la sociedad en lo que respecta a la salud de los animales de compañía. Por el natural carácter introvertido de los felinos, cuando éstos llegan a nuestra manos su patología en ocasiones puede estar más desarrollada que en otras especies debido a su capacidad para ocultar síntomas y dolor.Debido a esto, sus ingresos hospitalarios…

Resumen

El gato no es el paciente más frecuente en los centros veterinarios pero cada día aumenta más su presencia en los servicios clínicos gracias al cambio de mentalidad en la sociedad en lo que respecta a la salud de los animales de compañía. Por el natural carácter introvertido de los felinos, cuando éstos llegan a nuestra manos su patología en ocasiones puede estar más desarrollada que en otras especies debido a su capacidad para ocultar síntomas y dolor.

Debido a esto, sus ingresos hospitalarios van estrechamente ligados a cuadros de estrés que son un escollo más a salvar en su recuperación. Comprender y adaptarse a sus necesidades para paliar dicho estrés pasa por conocer los cambios fisiológicos y comportamentales que pueden llegar a producir una mala praxis en el manejo del gato.

El objetivo es contribuir a la mejoría del paciente reduciendo y/o eliminando el estrés asociado a la hospitalización. Las técnicas a realizar por el personal ATV, tanto a nivel físico como emocional del animal, como un ambiente óptimo donde se desarrollen, logrará que se cumpla nuestro objetivo con pacientes fácilmente manipulables en condiciones de confort y seguridad para el felino y el profesional.

Introducción

¿Que es el estrés y cómo afecta a nuestro paciente?

Se define como un conjunto de respuestas fisiológicas ante un estímulo que amenaza el equilibrio y la supervivencia del animal.

El estrés se divide en tres fases

  • fase de alarma: el animal percibe un estresor y su organismo comienza a responder para afrontarla o huir de ella, en el caso de los gatos no tienen una buena gestión del estrés por lo que en esta fase podremos notar por ejemplo aumento de la frecuencia cardiaca, dilatación de pupilas, etc.
  • fase de adaptación o resistencia: el organismo se adapta intentando sobrellevar el estímulo estresante. En esta etapa vemos cambios en el estado de ánimo del gato, lo podemos ver más irritado, agresivo, con miedo o ansiedad.
  • fase de agotamiento: si persiste el estímulo estresante o se van encadenando episodios de estrés el organismo se agota y comienza a mostrar síntomas de enfermedad afectando al sistema inmune y al comportamiento del gato.

El estrés no es nocivo en todos los casos, también es necesario para que haya una adaptación a los cambios del medio. El estrés beneficioso suele llamarse euestrés, y lo encontramos por ejemplo en una adaptación a un nuevo hogar, ya que el cambio de territorio es un estresor, pero con una correcta adaptación el gato consigue superarlo y comenzar a reconocer su nuevo territorio sin reportarle mayores consecuencias. Sin embargo, si el gato no consigue adaptarse a ese medio y el estresor es mantenido en el tiempo, o se repite con frecuencia, puede tener consecuencias negativas para la salud del gato ya que hablamos de estrés crónico.

El estrés hace que se pongan en juego los sistemas endocrino, nervioso e inmunitario, una vez el organismo ha percibido el estresor se activará el hipotálamo, la hipófisis, las glándulas adrenales, aumentan los glucocorticoides en el torrente sanguíneo, las catecolaminas y activa el sistema simpático. En el comportamiento todos estos cambios se traducen de forma diferente en cada individuo pero pueden causar:

Figura 1. Gato enfadado. Las señales son orejas hacia atrás, normalmente acompañado de movimiento tipo látigo de su cola y vocalizaciones o gruñidos. Este gato nos puede atacar si continuamos con la manipulación, seria recomendable la sedación.
Figura 1. Gato enfadado. Las señales son orejas hacia atrás, normalmente acompañado de movimiento tipo látigo de su cola y vocalizaciones o gruñidos. Este gato nos puede atacar si continuamos con la manipulación, seria recomendable la sedación.
  • Conducta de huida o de rendición.
  • Anorexia, bulimia, pica.
  • Disminución de la actividad motora en sitios desconocidos.
  • Inhibición de la conducta maternal, dificulta el parto y la eyección de calostro.
  • Disminución de las conductas sociales.
  • Marcaje.
  • Agresividad.
  • Disminución del acicalamiento.
  • Conductas compulsivas.
  • Eliminación inadecuada.
  • Vocalizaciones.
  • Hiperactividad.

El estrés normalmente es la respuesta a un estímulo externo, la respuesta que recibamos del animal dependerá de todo lo mencionado anteriormente, pero también hay factores condicionantes, como por ejemplo las experiencias previas, la edad, el sexo, predisposición genética, raza, socialización en el desarrollo y también de nuestro correcto manejo. (Figura 1)

Las conductas de evasión en los gatos suelen ser muy exageradas ya que estos son neofóbicos (miedo incontrolado a lo desconocido) por naturaleza y no saben gestionar los cambios de ambiente (Figura 2).

Figura 2. Gato con miedo, pupilas dilatadas y ojos bien abiertos, va haciéndose más pequeño y pega su cola al cuerpo.
Figura 2. Gato con miedo, pupilas dilatadas y ojos bien abiertos, va haciéndose más pequeño y pega su cola al cuerpo.

En cuanto a los cambios fisiológicos producidos por el estrés nos encontramos con algunos como:

  • Taquicardia.
  • Hipertensión.
  • Hiperglucemia.
  • Hipertermia.
  • Dilatación Pupilar.
  • Inmunosupresión.
  • Vasoconstricción periférica.

No debemos olvidar que hay distintas patologías asociadas al estrés y que la reducción de éste es absolutamente necesario. Por tanto es de vital importancia el correcto manejo del felino por parte de todo el personal.

Algunas enfermedades sensibles al estrés son:

  • Cistitis idiopática felina.
  • Asma bronquial.
  • Alopecia psicógena felina.
  • Hiperestesia felina.
  • Colitis y diarrea crónica.

Comportamientos de confort

Centrarnos en el aspecto positivo de ciertas conductas en el gato nos da un punto extra a la hora de su manejo con el fin de no interrumpir estos comportamientos, sino estimularlos y estar atentos a ellos en función de la continuidad:

Figura 3. Gato relajado, ronroneando, recibiendo caricias en la zona facial.
Figura 3. Gato relajado, ronroneando, recibiendo caricias en la zona facial.
  • Acicalamiento: es el cuidado del pelaje y su limpieza, el gato normalmente pasa horas realizándolo, pero en la hospitalización este comportamiento de confort se ve alterado por lo cual podemos ayudar, realizando nosotros el cepillado.
  • Debemos tener en cuenta que el lamido excesivo en una zona concreta puede ser por un comportamiento compulsivo de estrés o dolor. Una pauta de lamido excesiva debe llamarnos la atención y buscar el motivo que la provoca.
  • Ronroneo: el ronroneo en los gatos es una vibración que puede ser o no audible y es un signo de confort. Los gatos pueden ronronear por sentirse relajados o por una situación estresante con el fin de tranquilizarse.
  • El bostezo: el bostezo podemos encontrarlo en los gatos en diferentes situaciones, además de al despertarse y acostarse, como por ejemplo cuando se aproxima el momento de la comida y cuando tiene hambre, por aburrimiento, por cambios en el ritmo biológico, etc. El bostezo en los gatos no es ningún medio de comunicación ni se asocia a ningún signo de ansiedad, como en los perros, pero nos puede dar pistas a la hora de saber si está descansando bien, sobre todo en hospitalizaciones poco insonorizadas o mixtas. El descanso es fundamental en la recuperación (Figura 3).

Hospitalización

Lo primero que debemos tener en cuenta es la estancia y el ambiente al que tendrá que enfrentarse el gato por lo que para facilitar la adaptación del animal durante el ingreso hospitalario, la información que nos aporte el propietario puede ser de gran utilidad: hábitos alimenticios, tipo de comida, arena a la que está habituado, si tolera acicalamiento, etc.

Partiendo de la territorialidad del felino y su neofobia, facilitará su estancia hospitalaria el uso de feromonas sintéticas en difusor y la colocación en su habitáculo de una toalla o manta propia del animal. Ésta tiene el olor de su territorio seguro y ayudará a que se encuentre en un entorno más familiar.

Respecto a la zona de hospitalización, debemos intentar que sea exclusiva para gatos, y en el caso de no ser así debemos tener separados físicamente y de forma que no se vean entre perros y gatos. Podemos usar también feromonas sintéticas para perros y gatos. Esto ayudará a que los perros estén más relajados y haya menos ladridos que puedan alterar a nuestro felino.

En el caso que la hospitalización sea exclusiva para gatos, también utilizaremos feromonas sintéticas. Los habitáculos nunca deben estar enfrentados, ya que para los gatos eso sería algo totalmente estresante.

La mesa de manipulación debemos tenerla en un lugar que no sea visible para el resto de felinos ingresados o hará que aumente el nerviosismo. El fin es que no haya contacto visual entre nuestros pacientes para disminuir los estímulos negativos que puedan afectar a la recuperación.

Figura 4. Habitáculos para gatos a dos alturas.
Figura 4. Habitáculos para gatos a dos alturas.

Los habitáculos deben intentar tener el suficiente espacio para que haya una cama mullida, un arenero y deberá estar separado el agua y la comida, siempre que el espacio lo permita, puesto que los gatos consideran distintas estas dos actividades (Figura 4).

Condiciones de la sala de hospitalización (temperatura, iluminación, insonoridad, limpieza)

Respecto a la temperatura, ésta deberá ser templada, oscilando entre los 18 y 23 grados, la que se considera adecuada en hospitalización, con el fin de evitar hipotermia en animales que no controlan su temperatura corporal y el caso contrario en animales febriles.

La insonoridad del área hospitalaria es fundamental. Los ruidos en un ambiente desconocido hacen que se genere más nerviosismo. La calidad de la hospitalización pasa por una minimización del ruido y más adelante veremos los efectos de los ruidos en nuestro paciente.

La iluminación debe ser generosa, y no alterar el ciclo día y noche es fundamental. De esta manera ayudaremos al correcto descanso de nuestros pacientes respetando su ciclo circadiano y su reloj fisiológico ya que su inversión puede afectar a su temperatura, sed, hambre, eliminación, producción de hormonas, etc. Aunque no debemos olvidar que los gatos son animales más bien nocturnos, por lo que puede que estén más activos por la noche.

La limpieza es fundamental, los gatos son animales que no toleran la suciedad, por lo que siempre debemos tener sus areneros limpios. Su habitáculo también debe estar bien ventilado y sin olores fuertes. Una vez se vaya el paciente debemos limpiar, desinfectar y airear los habitáculos, con el fin de que nuestro próximo paciente no tenga que oler feromonas de otro gato.

Manejo en hospital

Cuando entra un gato para ser hospitalizado nuestra premisa será aportarles la seguridad que necesitan. Hay muchos felinos que tienen buena interacción con las personas y podemos dedicar tiempo a jugar con ellos, a darles caricias (sobre todo en la cabeza) o acicalarles, etc. Todo ello reduce notablemente el estrés en gatos hospitalizados.

Sin embargo, otros prefieren la soledad y por ello es mejor en estos casos minimizar el contacto. Por lo tanto debemos mantener a nuestro paciente seguro, limpio y tranquilo para reducir los riesgos tanto para el gato como para el personal, y así mismo favorecer su recuperación.

La reducción del ruido es fundamental. Los felinos son animales muy sensibles a los ruidos, por lo que la zona de hospitalización de gatos debe ser lo más silenciosa posible. Los ruidos fuertes y repentinos pueden generar mucho miedo y estrés, e incluso, una agresividad redirigida hacia el personal que le atiende en ese momento.

Por tanto, teniendo en cuenta nuestra seguridad y el bienestar del gato, debemos incluir la minimización del ruido en nuestras pautas de manejo de felinos, tanto por parte del personal como del equipamiento de la clínica. Por ejemplo las peladoras silenciosas nos pueden ayudar en estos casos.

Reducir los estímulos visuales también es necesario como mencionamos en la parte de “hospitalización”. Hay gatos que están muy estresados y en esos casos es adecuado minimizar cualquier interacción por lo que es recomendable cubrir la parte frontal del habitáculo aunque sea parcialmente; en estos casos podemos poner cajas dentro para facilitar que se esconda o poner empapadores o toallas en la puerta del habitáculo que impidan que pueda tener estímulos visuales que afecten a su estado.

Asepsia y desinfección. No debemos olvidar que los gatos pueden tener muchas enfermedades infecciosas que podemos contagiar a otros pacientes si no nos desinfectamos correctamente. Por ello, después de tratar a un paciente debemos lavar y desinfectar nuestras manos teniendo en cuenta que, antes de tocar a otro gato, debemos dejar que se atenúe el olor del desinfectante.

También es adecuado a la hora de manipularlo usar las feromonas sintéticas en espray para ponernos en la ropa y manos, de esta manera les seremos más agradables, menos amenazantes. No olvidemos que son animales con un olfato muy sensible, por lo que cualquier tipo de olor será detectado por nuestro paciente casi de forma inmediata. Los gatos a los que manipulamos si sienten miedo nos dejarán impregnados de feromonas de alarma, que condicionarán el comportamiento del siguiente felino al que vayamos a atender.

Figura 5. Gato amigable que se acerca a nosotros permitiéndonos la manipulación y las caricias.
Figura 5. Gato amigable que se acerca a nosotros permitiéndonos la manipulación y las caricias.

Nuestra actitud ante los gatos debe ser siempre muy tranquila y pasiva, con movimientos lentos y calmados. No podemos ir con prisa a atender la hospitalización de gatos. Necesitamos tiempo para ir con mucha delicadeza, y nuestra premisa será transmitirles seguridad y calma, por lo que haremos nuestra la frase “vísteme despacio que tengo prisa” cuando se trata de pacientes felinos.

Debemos evitar parecer amenazadores, por lo que rehuiremos todo contacto visual directo. Podemos, varias veces en el día, intentar acercamientos que no sean necesariamente para explorarlos o medicarlos, que sean palabras suaves y, si nos lo permite, caricias en la zona de la cabeza entre los ojos, algún momento de juegos y si es posible alguna golosina siempre respetando la dieta dependiendo de su patología. Esto hará que nuestro paciente nos reconozca y ganemos poco a poco su confianza y su habitáculo (territorio) sea cada vez más seguro para él, permitiéndonos manipularlo (Figura 5).

Los gatos son animales que si se sienten acorralados reaccionan de manera distinta, unos pueden atacar y otros pueden esconderse, sea la que sea provoca estrés, por lo que:

Debemos minimizar la sensación de agobio que el gato puede sentir. Si el animal es manipulable debemos siempre ir con movimientos suaves y lentos, nunca debemos ejercer presión o sujetar excesivamente ya que podemos ejercer el efecto contrario al deseado si se siente amenazado. En gatos menos es más.

Figura 6. Gato dejándose manipular en una superficie cómoda.
Figura 6. Gato dejándose manipular en una superficie cómoda.

Cuando coloquemos al gato a la mesa de exploración debemos siempre poner un empapador o una manta en la base de la mesa donde lo vamos a explorar y/o manipular. Esto ayuda a que estén más cómodos ya que los gatos no se sienten nada cómodos en superficies frías y metálicas. Si el gato no es fácil de manipular podemos usar toallas para sujetarlo o taparle así él se sentirá más seguro (Figura 6).

Si vamos a realizar varios procedimientos médicos y el gato se deja movilizar debemos comenzar con los menos invasivos, recordando evitar ejercer la presión o la sujeción excesiva (Figura 7).

Nunca debemos inmovilizar del pliegue cutáneo de la nuca, por estrés cuando son bebés, los gatos son trasladados por sus madres del pellejo (el lugar donde viven ya no es seguro). También durante el apareamiento el macho sujeta a la hembra del cuello, por lo que comportamentalmente, esas sujeciones no son las más adecuadas, de hecho, la ISFM rechaza esta técnica tanto en adultos como en gatitos, ya que indican que en gatitos puede ser dolorosa y en adultos insiste en que debe ser el último método de sujeción cuando ya no hay más técnicas útiles.

Figura 7. Mínima sujeción para poner el catéter.
Figura 7. Mínima sujeción para poner el catéter.

También se recomienda sedar pues no es tolerable el estrés innecesario en los gatos. La sedación la debe valorar el veterinario, teniendo en cuenta las posibles patologías que presente el paciente. También se recomienda que la sedación se realice de manera preventiva antes de que el gato llegue a un nivel de estrés incontrolado, ya que el efecto de los sedantes puede verse disminuido. Las vías de administración más recomendadas son las que se utilizan de forma subcutánea o intramuscular pues minimizan la manipulación del paciente, y debemos utilizar sedaciones que podamos revertir. Debemos evitar la utilización de acepromacina ya que limita la respuesta motora pero no sensorial.

La alimentación

Tenemos varias formas de alimentación en gatos hospitalizados, mencionaremos las más utilizadas:

  • Alimentación parenteral: es por vía venosa, tiene las necesidades nutricionales que el paciente necesita y normalmente se pone en animales que no tienen función digestiva o cuando se requiere ayuno de alimentación convencional.
  • Sonda nasoesofágica o esofágica: es la más empleada en gatos con funcionalidad digestiva, suele emplearse en animales que presentan anorexia durante más de tres días y que no recuperan el apetito con ningún tipo de tratamiento (Figura 8).
  • Alimentación forzada con jeringa: normalmente en gatos crea un rechazo a la comida por lo que no se recomienda, no obstante, en pacientes que lo toleran bien podemos continuar con esa pauta, siempre y cuando lo tolere o conseguiremos el efecto contrario.
Figura 8. Sonda nasoesofágica.
Figura 8. Sonda nasoesofágica.

No debemos olvidar que puede ser totalmente normal que un animal que antes comía pase unas 24 horas sin comer por nerviosismo al cambio de territorio o también al cambio de alimento. Los gatos no toleran nada bien los cambios, de hecho, puede ser uno de los factores que contribuyen a la anorexia asociada a la modificación de alimento en distintas patologías. En todas las especies aumenta el consumo de alimento si la dieta es variada, por esto es necesario desde que son pequeños acostumbrar a los gatos a distintas texturas: alimento seco, húmedo, con gelatina, paté, etc.

El ambiente en el que se encuentra el paciente modifica el grado de neofobia alimentaria, por ello, los gatos que se encuentran hospitalizados tienen una tolerancia menor a los nuevos alimentos. Esto puede tener consecuencias importantes y es nuestro deber monitorizar todo lo que come o deja de comer nuestro paciente e intentar que vuelva a tener unos hábitos saludables.

En gatos que no requieren ayuno por cirugías o patologías, podemos estimularlos o mejorar su alimentación con los siguientes consejos:

  • Manteniendo puesta comida en el habitáculo así le estimulamos a comer en momentos en los que se siente más seguro.
  • Dar con la mano mientras le acariciamos y hablamos suavemente, hay que tener en cuenta que el gato relaciona la alimentación que le damos con la hospitalización, por lo que tendremos que hacer el momento de la comida lo más positivo y agradable posible. Si se puede podemos diferenciar la persona que se encarga de la alimentación de la que realiza los procedimientos un poco más estresantes para el gato, de esta manera también evitaremos el rechazo.
  • Podemos poner un poco de comida en la encía o en alguna pata para obligarle a que la pruebe sin manipularle excesivamente.
  • Si el gato no necesita dieta especial ayuda que los propietarios traigan la que comen en casa, siendo muy importante que no la negativice por lo que volvemos a insistir en la importancia del buen manejo.
  • El comportamiento natural del gato es comer pocas cantidades varias veces al día y la noche, por lo que su ración de comida diaria será distribuida en varias tomas.
  • Podemos ofrecer distintos tipos de comida, normalmente dos al mismo tiempo, pero si queremos probar con más hay que espaciarlas en el tiempo o conseguiremos que el gato se agobie.
  • Para aumentar la ingesta podemos calentar la comida a una temperatura similar a la temperatura corporal.
  • Facilitar el acceso utilizando comederos especiales para gatos, planos y anchos.
  • Se puede ir sustituyendo el alimento antiguo por el nuevo poco a poco, así vamos aumentando la tolerancia, aunque esto supone un largo periodo de adaptación de 1 semana aproximadamente, que rara vez podremos completar en la hospitalización.
  • Nunca dar medicamentos con la comida en animales con tendencia a la anorexia, ya que estaremos creando aversión alimentaria.
  • En gatos la aversión a la comida puede darse también por el hecho de sufrir náuseas o molestias gastrointestinales después de comer.

Control del dolor postquirúrgico en gatos

El dolor produce sufrimiento y es totalmente intolerable, y desfavorable al bienestar del animal. El dolor es una experiencia sensorial y emocional que puede ser localizada y subjetiva, y nuestro deber es controlar y detectarlo haciéndoselo saber al veterinario. Con los controles hospitalarios podemos obtener mucha información, especialmente debemos tener especial cuidado con gatos con cirugías de traumatología, cirugías oculares y cirugías torácicas, ya que estas pueden producir dolor intenso e interferir en el comportamiento normal del gato, produciendo malestar. Independientemente de que en las cirugías se elijan protocolos de anestesia y analgesia controlados, puede aparecer dolor post quirúrgico después de la intervención.

Signos que pueden verse en un animal con dolor

  • Agresividad.
  • Depresión.
  • Lamido compulsivo de la zona.
  • Taquicardia.
  • Taquipnea.
  • Anorexia.
  • Gruñe o bufa.
  • Pupilas dilatadas.
  • Resistencia al movimiento.
  • Retención de líquido (orina menos).

El dolor intenso puede llevar a nuestro paciente a un estado shock por ello debemos ser capaces de detectarlo y de realizar un correcto manejo.

Conclusión

  • El estrés es un estado que debemos evitar en gatos por la cantidad de patologías a las que va asociado tanto comportamentales como físicas.
  • Las conductas de confort en el gato son raras de ver en hospitalización pero es importante saberlas para poder actuar en consecuencia, investigarlas y fomentarlas.
  • La calidad de la hospitalización es fundamental en la recuperación de los gatos, los ruidos, el contacto visual, la limpieza, etc.
  • Nuestra actitud es un factor muy importante, la paciencia debe ser nuestra premisa.
  • Dar seguridad a nuestros pacientes es muy importante, creándoles una estancia lo más respetuosa con sus necesidades.
  • La manipulación en los gatos debe ser mínima y la sujeción debe ser muy suave.
  • Nunca debemos ejercer la sujeción del cuello si la situación no lo requiere.
  • Si prevemos que el gato no se dejará manipular y se tornará agresivo debemos evitar el conflicto y sedar si su patología y el veterinario lo aconsejan.
  • La alimentación del gato debe ser considerada una de las partes más importante de su tratamiento por el riesgo de anorexia existente.
  • Los gatos son animales neofóbicos que no saben reaccionar ante nuevos estímulos.
  • El control del dolor es fundamental para el correcto manejo del gato.

Referencias

  • Xavier Manteca Vilanova; Etología Veterinaria; 1º edición; capítulo 2: 41-44; capítulo 4: 91-100; Multimedica ediciones veterinarias; 2009
  • J. Engel Manchado, L. García Guasch; Manual del ATV; Capitulo 10; página 205; Multimedica Ediciones Veterinarias; 2008.
  • Joël Dehasse; Todo sobre la psicología del gato; 1º edición; página 137-157-157-393-399-430-431; Servet; 2008 -
  • Journal of Feline Medicine and Sugery; nº13; 364-375; 2011

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