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Cuerpos de Melamed-Wolinska en la especie canina: más allá de neoplasias uroteliales

Resumen breve

Las neoplasias del sistema urinario en la especie canina representan aproximadamente entre el 0.5 % y 1 % de todos los procesos neoplásicos, siendo el más frecuente el carcinoma urotelial, que constituye el 90% de los tumores localizados en la vejiga urinaria.
En las células uroteliales en degeneración, tanto en procesos benignos como malignos, es posible observar inclusiones intracitoplasmáticas eosinofílicas y esféricas conocidas como cuerpos de Melamed-Wolinska (MWB en adelante),…
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Resumen

Las neoplasias del sistema urinario en la especie canina representan aproximadamente entre el 0.5 % y 1 % de todos los procesos neoplásicos, siendo el más frecuente el carcinoma urotelial, que constituye el 90 % de los tumores localizados en la vejiga urinaria.

En las células uroteliales en degeneración, tanto en procesos benignos como malignos, es posible observar inclusiones intracitoplasmáticas eosinofílicas y esféricas conocidas como cuerpos de Melamed-Wolinska (MWB en adelante), descritos por primera vez en 1961 (Melamed & Wolinska, 1961), considerándose un hallazgo útil para distinguir patologías asociadas al sistema urinario, ya que tradicionalmente se han relacionado principalmente con el carcinoma urotelial tanto en humanos como en la especie canina (Vasilatis & Ghosh, 2024).

No obstante, se han descrito estructuras citomorfológicamente similares denominadas cuerpos de Melamed-Wolinska-like (MWB-l en adelante) en células de origen no urotelial, como en carcinomas mamarios, carcinomas de células escamosas y células mesoteliales en contextos reactivos/inflamatorios y neoplásicos, como los mesoteliomas. Esto demuestra que dichas estructuras no son patognomónicas de neoplasia urinaria. En este sentido, el objetivo de la presente revisión es demostrar la existencia de MWB-l en casos clínicos diagnosticados en nuestro centro de trabajo.

Cuerpos de Melamed-Wolinska: origen, citomorfología y relevancia

Los MWB son inclusiones intracitoplasmáticas que se presentan como estructuras únicas o múltiples, redondas u ovaladas, eosinófilas de coloración rosado-rojizo y tamaño variable, visibles sin necesidad de tinciones especiales. Se han asociado a células del urotelio degeneradas, las cuales no necesariamente están relacionadas a un proceso tumoral maligno. Su contenido no se conoce con certeza; algunos autores sugieren que contienen mucopolisacáridos o proteínas, mientras que otros proponen que se tratan de orgánulos como los lisosomas que se encuentran aumentados de tamaño debido a la degeneración celular en contextos hiperplásicos o neoplásicos (Ayra et al., 2012; Smith et al., 2024).

Fueron descritos por primera vez en 1961 por parte de los científicos Myron R. Melamed y Wanda H. Wolinska en pacientes humanos diagnosticados con carcinoma urinario en estadíos tempranos (Melamed & Wolinska, 1961). Aunque se han asociado con mayor frecuencia en celularidad del tracto urinario, la presencia de estas formaciones no es patognomónica de neoplasia urinaria, ya que también se han identificado MWB-l en otros tipos tumorales, incluidos carcinomas mamarios, carcinomas de células escamosas y mesoteliomas (Smith et al., 2024) (Figura 1A-B).

Figura 1A-B. Ejemplos de Cuerpos de Melamed-Wolinska
Figura 1B.

Carcinoma urotelial: aspectos clínicos, citológicos y moleculares

El carcinoma urotelial (CCT), es la neoplasia maligna más común del tracto urinario en la especie canina (Chu et al., 2025). Se conoce una predisposición a padecer este tumor en hembras de edad avanzada y en ciertas razas como Scottish Terrier o West Highland White Terrier, entre otras. La presencia de metástasis a distancia se ha descrito en más del 50 % de los perros afectados (Fulkerson & Knapp, 2015), siendo más frecuente en linfonodos regionales, parénquima pulmonar e hígado (Webb et al., 2015). Algunos estudios han descrito metástasis a piel (Reed et al., 2013), tejido óseo (Malek et al., 2011) o bazo (Webb et al., 2015).

Su diagnóstico definitivo requiere la combinación de los hallazgos clínicos y diversas pruebas complementarias como la citología, pruebas de imagen y posterior confirmación histopatológica, incluyendo el uso de marcadores de inmunohistoquímica o la evaluación de la mutación V595E en el gen BRAF. Entre las características citomorfológicas de las células tumorales del urotelio se encuentra gran exfoliación celular, agregados de distribución papilar, elevada relación núcleo/citoplasma con posibilidad de encontrar macronúcleos, moldeamiento nuclear y anisocariosis, bordes citoplasmáticos bien delimitados, morfología ovalada a irregular y nucleolos prominentes, así como microvacuolización intracitoplasmática de distribución perinuclear (Pierini et al., 2022; Raymond et al., 2017) (Figura 2A-D).

Figura 2A.F Ejemplos de criterios citomorfológicos en 6 preparaciones de tejido urotelial displásico. (A) Célula multinucleada con fenómenos de cariomegalia en CCT
Figura 2B. Disposición pseudocinar, moldeamiento nuclear, nucleolos anómalos y estructuras compatibles con MWB en CCT.
Figura 2D. Mitosis atípica en CCT.
Figura 2E. Pleomorfismo celular y nuclear, anisocariosis en CCT.
Figura 2F. Microvacuolización intracitoplasmática perinuclear e inflamación supurativa asociada en tejido urotelial displásico, con una imagen citológica sugestiva de CCT.

Además de estas alteraciones citológicas, también pueden identificarse MWB. La detección de estas inclusiones en células con criterios displásicos localizadas fuera del tracto urinario suele sugerir un origen neoplásico urotelial primario y justifica la realización de un estadiaje clínico orientado a la evaluación del tracto urinario. No obstante, los MWB no son exclusivos del carcinoma urotelial, ya que también pueden observarse en células degeneradas asociadas a otros procesos e incluso en neoplasias de distinta naturaleza (Ayra et al., 2012), como se ha señalado previamente y se desarrollará más adelante.

La confirmación definitiva del carcinoma urotelial y la valoración de posibles metástasis requiere estudios histopatológicos e inmunohistoquímicos. En este contexto, existen varios marcadores específicos como la uroplaquina II y III que se tratan de proteínas de membrana que se localizan en las células uroteliales (Smith et al., 2024). También es posible evaluar la mutación V595E en el gen BRAF, identificada en aproximadamente el 80 % de los casos de carcinoma urotelial canino, esta produce una activación exacerbada de la vía MAPK pudiendo ser identificada en pacientes con carcinoma urotelial (Appenzeller et al., 2025). Otros marcadores de utilidad diagnóstica incluyen la citoqueratina 7 y la ciclooxigenasa 2 .

Cuerpos de Melamed-Wolinska en células de origen no urotelial

Ante la escasez de estudios clínicos retrospectivos publicados sobre la existencia de MWB-l, se describen a continuación dos casos clínicos analizados en nuestro centro de diagnóstico citológico:

Primer paciente

Paciente canina, Labrador Retriever, hembra no esterilizada de 14 años, que presenta historial de varios tumores mamarios con un diagnóstico histopatológico de adenoma complejo y tumor maligno de células fusiformes. Meses después de la extirpación del tumor acude al centro veterinario con apatía y fiebre, se realiza un estudio de imagen donde la radiografía de tórax evidencia un patrón nodular multifocal en parénquima pulmonar, principalmente localizado en lóbulo caudal izquierdo, de origen desconocido.

Tras el estudio citológico, se identifican células epiteliales displásicas, distribuidas en grupos organizados no cohesivos con anisocariosis evidente y un citoplasma amplio basófilo que presenta estructuras intracitoplasmáticas compatibles con MWB-l. En el estudio ecográfico de cavidad abdominal, incluyendo área genitourinaria, no se observan alteraciones reseñables en ningún órgano compatible con un posible origen urotelial maligno, por lo que se descarta que el origen de esas células sea urotelial, siendo más probable un origen mamario metastásico o una neoplasia primaria pulmonar (Figura 3A-B).

Figura 3A-B. MWB en células epiteliales neoplásicas de parénquima pulmonar.
Figura 3A-B.

Segundo paciente

Paciente canino, macho esterilizado, Bulldog, de 5 años. La ecografía abdominal evidencia hepatomegalia con parénquima heterogéneo e irregular, asociada a abundante líquido libre abdominal altamente celular y linfadenopatía mesentérica. Adicionalmente, se observan cambios compatibles con enteritis y peritonitis, así como presencia de barro biliar, sin hallazgos reseñables en estructuras urinarias. Se realiza el estudio citológico del parénquima hepático y se identifican MWB-l como hallazgo incidental.

Teniendo en cuenta la localización en hígado y los hallazgos ecográficos descritos, se considera poco probable la hipótesis de un origen primario urotelial con posible diseminación al hígado. En conjunto, las características

citomorfológicas de la población celular evaluada, junto con el contexto clínico y ecográfico, hacen de un origen mesotelial o epitelial biliar el diagnóstico diferencial principal (Figura 4A-B).

Figura 4A-B. MWB en células de origen epitelial biliar/mesotelial como hallazgo incidental.
Figura 4A-B.

Discusión y conclusión

La bibliografía disponible sobre la presencia de MWB fuera del tracto urinario es limitada, especialmente en medicina veterinaria, lo que dificulta establecer su verdadera frecuencia y significado diagnóstico en otros procesos neoplásicos. Por este motivo los dos casos clínicos presentados aportan información adicional a la literatura existente. Resulta, por lo tanto, fundamental interpretar la presencia de estas inclusiones junto con el resto de los hallazgos citomorfológicos, clínicos y estudios de imagen complementarios. La ausencia de lesiones compatibles con tumores de origen urotelial en vejiga, uretra o próstata en ambos casos, unida a la presencia de estas inclusiones hacen necesario considerar diagnósticos alternativos. Estos casos son útiles para evitar la sobreinterpretación de hallazgos citológicos que se creían patognomónicos y mantener un enfoque diagnóstico más integral.

Como se ha indicado con anterioridad, la naturaleza exacta y el significado biológico de los MWB, no están completamente definidos. Aunque se ha propuesto que podrían corresponder a acúmulos de mucopolisacáridos, proteínas u orgánulos alterados, como lisosomas, su origen es desconocido. No obstante, todas estas hipótesis coinciden en un posible origen inespecífico asociado al daño y la degeneración celular. Esta degeneración celular puede asociarse a fenómenos de necrosis, un hallazgo frecuente en patologías neoplásicas ocasionado por las elevadas demandas metabólicas de oxígeno y nutrientes de las células tumorales.

Por este motivo, consideramos que una hipótesis plausible es que la presencia de MWB-l en el primer caso esté relacionada con los fenómenos de degeneración celular y necrosis asociados a la neoplasia pulmonar primaria/mamaria metastásica. Esta interpretación es consistente con la ausencia de hallazgos clínicos y de imagen compatibles con un tumor primario del tracto urinario.

En el segundo caso se describe una población celular de la cual no es posible establecer un origen dada la falta de estudios moleculares e inmunohistoquímicos posteriores. No obstante, su distribución celular y criterios citomorfológicos hacen de un origen mesotelial el más probable. Las células mesoteliales son células epiteliales especializadas, que en condiciones fisiológicas, forman una monocapa de células planas que recubren las cavidades serosas. Debido a su función protectora y a su elevada capacidad de respuesta frente a los procesos patológicos, estas experimentan cambios hipertróficos y proliferativos, que dan lugar a un amplio espectro de características morfológicas.

Una hipótesis alternativa para explicar los MWB-l observados en el segundo caso es que representen un fenómeno inespecífico asociado a la intensa activación y remodelación metabólica de estas células, más que un hallazgo exclusivo de malignidad o fenómenos de degeneración/necrosis.

Dadas las reducidas publicaciones sobre MWB-l en el ámbito de la medicina veterinaria, la intención de esta publicación es motivar la descripción y documentación de nuevos casos, así como futuros estudios que permitan esclarecer el significado biológico real de los MWB-l, con el objetivo de definir mejor su valor diagnóstico y evitar interpretaciones erróneas en la práctica citológica.

Bibliografía

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  2. Ayra, P., Khalbuss, W. E., Monaco, S. E., & Pantanowitz, L. (2012). Melamed-Wolinska bodies. Diagnostic Cytopathology, 40(2), 150-151. https://doi.org/10.1002/dc.21632
  3. Chu, K. T., Nekouei, O., & Giuliano, A. (2025). Treatment outcomes of dogs with transitional cell carcinoma. Frontiers in Veterinary Science, 12, 1486786. https://doi.org/10.3389/fvets.2025.1486786
  4. Fulkerson, C. M., & Knapp, D. W. (2015). Management of transitional cell carcinoma of the urinary bladder in dogs: A review. Veterinary Journal, 205(2), 217-225. https://doi.org/10.1016/j.tvjl.2015.01.017
  5. Malek, S., Murphy, K. A., Nykamp, S. G., & Allavena, R. (2011). Metastatic transitional cell carcinoma in proximal humerus of a dog. The Canadian Veterinary Journal = La Revue Veterinaire Canadienne, 52(9), 1013-1017.
  6. Melamed, M. R., & Wolinska, W. H. (1961). On the Significance of Intracytoplasmic Inclusions in the Urinary Sediment. The American Journal of Pathology, 38(6), 711-719.
  7. Pierini, A., Criscuolo, M. C., Bonfanti, U., Benvenuti, E., Marchetti, V., & Bottero, E. (2022). Usefulness of squash preparation cytology in the diagnosis of canine urinary bladder carcinomas. Veterinary Clinical Pathology, 51(4), 498-506. https://doi.org/10.1111/vcp.13151
  8. Raymond, S. L. T., Au, K., Fu, R., & Tauchi-Nishi, P. S. (2017). Metastatic genitourinary cancer diagnosed by body fluid cytology: Clinicopathologic and cytomorphologic correlation. Journal of the American Society of Cytopathology, 6(2), 48-58. https://doi.org/10.1016/j.jasc.2016.11.001
  9. Reed, L. T., Knapp, D. W., & Miller, M. A. (2013). Cutaneous metastasis of transitional cell carcinoma in 12 dogs. Veterinary Pathology, 50(4), 676-681. https://doi.org/10.1177/0300985812465326
  10. Smith, S. M., Strumpf, A., Miller, J., & Wellman, M. (2024). What is your diagnosis? Oral mass of a dog. Veterinary Clinical Pathology, 53(S2), 135-138. https://doi.org/10.1111/vcp.13232
  11. Vasilatis, D. M., & Ghosh, P. M. (2024). Clinicopathologic Characterization of Prostatic Cancer in Dogs. Animals : an Open Access Journal from MDPI, 14(4), 588. https://doi.org/10.3390/ani14040588
  12. Webb, K. L., Stowe, D. M., DeVanna, J., & Neel, J. (2015). Pathology in Practice. Journal of the American Veterinary Medical Association, 247(11), 1249-1251. https://doi.org/10.2460/javma.247.11.1249

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