Lesión renal aguda (LRA) en gatos. Parte I: fisiopatología y etiología
Resumen breve
La lesión renal aguda (LRA) se define como una disminución abrupta de la funcionalidad renal, caracterizada por niveles elevados de creatinina sérica, uremia aguda y cambios en el volumen de orina. Se desconoce la incidencia de LRA en gatos, sin embargo, existen reportes que indican una tasa de mortalidad del 53 % con una baja tasa de etiología infecciosa, lo que tal vez justifique su alta mortandad. La tasa de mortandad es superior a la de los perros, siendo de un 47 a un 64 %.La LRA…
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Introducción
La lesión renal aguda (LRA) se define como una disminución abrupta de la funcionalidad renal, caracterizada por niveles elevados de creatinina sérica, uremia aguda y cambios en el volumen de orina. Se desconoce la incidencia de LRA en gatos, sin embargo, existen reportes que indican una tasa de mortalidad del 53 % con una baja tasa de etiología infecciosa, lo que tal vez justifique su alta mortandad. La tasa de mortandad es superior a la de los perros, siendo de un 47 a un 64 %.
La LRA en gatos puede ser causada por tóxicos, cuadros isquémicos, inflamatorios, obstructivos o infecciosos (estos últimos de baja incidencia). Según los informes, la causa más común de LRA felina es la nefrotoxicosis, debido a la ingestión de lirios, etilenglicol, o medicamentos antiinflamatorios no esteroideos, aunque en la práctica clínica se desconoce con frecuencia la causa de la LRA, que suele ser de aproximadamente 1 de cada 3 pacientes.
El término lesión renal aguda (LRA) es relativamente nuevo que reemplaza al de insuficiencia renal aguda. Este permite una mejor estratificación de los casos según la gravedad y el pronóstico; sugiriendo que, si un paciente tiene una lesión, en lugar de un fracaso, tiene potencial de recuperación en respuesta al tratamiento. En medicina humana el término insuficiencia o fracaso renal hace referencia a pacientes que necesitan terapia depurativa renal.
La identificación de LRA en gatos es complicada debido a las limitaciones de los enfoques de diagnóstico actuales y a la presentación de muchas lesiones renales que resultan en daño subclínico. Los estudios de LRA en gatos han abordado las causas de los signos clínicos en la enfermedad renal, pero se espera una mejor comprensión de la lesión subclínica.
De acuerdo a su origen puede clasificarse en:
- LRA prerrenal o funcional: se produce cuando la perfusión renal disminuye sin causar, en un principio, daño al parénquima renal. Pese a que al principio los mecanismos autorreguladores renales mantienen la función de excreción, con el paso del tiempo se produce un incremento en la retención de compuestos nitrogenados. El mantenimiento de la hipoperfusión puede causar lesiones primarias en el riñón o una necrosis tubular aguda isquémica y transformar la lesión prerrenal en parenquimatosa o intrínseca.
- LRA intrínseca o parenquimatosa: Puede clasificarse en lesiones tubulares, glomerulares, intersticiales y vasculares. En esta situación, los compuestos nefrotóxicos o los procesos isquémicos generarán daños tubulares que pueden oscilar entre la degeneración y la necrosis.
LRA posrrenal u obstructiva: cuando el flujo de orina se bloquea de manera aguda, o se rompen las vías urinarias. En el primer escenario, la filtración de residuos será restringida y en el segundo, dichos residuos se reabsorberán a través del peritoneo.
LRA isquémica en gatos
Se ha revisado la fisiopatología de la LRA isquémica en gatos. El cuadro isquémico da como resultado el agotamiento del ATP intracelular en las células tubulares. La falla resultante de la bomba Na-K ATPasa, así como otros trastornos metabólicos, produce perturbaciones citotóxicas en las concentraciones iónicas. Las concentraciones de calcio intracelular aumentan y los cambios en el citoesqueleto provocan la degradación de las microvellosidades apicales y la pérdida de la polaridad celular. Las células tubulares pueden perder sus uniones a la membrana basal y desprenderse de su membrana basal.
Hay pruebas en otras especies de que las células tubulares lesionadas liberan citoquinas, que reclutan leucocitos en el intersticio renal, pero la inflamación resultante desata una serie de procesos que ponen en función el inicio y la autoperpetuación de la LRA en gatos.
Hay escasez de información relacionada con el proceso patológico subyacente en estos pacientes, y se sabe poco sobre las consecuencias a largo plazo de la LRA en la estructura renal de los gatos que sobreviven. Se supone que la relación entre LRA y enfermedad renal crónica (ERC) es de tipo bidireccional, y que muchos pacientes con ERC felina pueden sufrir reagudizaciones, e ingresar a LRA.
Estudios en gatos, en los que se les indujo isquemia bilaterales y unilaterales por un tiempo aproximado de una hora, demostraron que sufrieron lesiones inflamatorias y la aparición de tejido fibroso que reemplazó al tejido noble renal. Dichos estudios concluyeron que la LRA aguda isquémica en gatos, puede concluir con una ERC progresiva y autoperpetuante.
La endotelina desempeña un papel importante en varias lesiones renales, incluida la LRA, la toxicidad por ciclosporina, las glomerulonefritis inflamatorias y la lesión por isquemia reperfusión; sin embargo, se desconoce su actividad después de la lesión renal isquémica felina. En estudios experimentales de isquemia renal de 60 minutos realizados en gatos, no se detectaron niveles elevados de renina ni de endotelina en plasma, pero sí se evidenció trombocitopenia, disminución en el hematocrito y lesiones compatibles con enfermedad microtrombótica difusa en el parénquima renal. Otros pacientes presentaron necrosis tubular aguda (NTA). La NTA y la inflamación asociada fueron seguidas por inflamación intersticial crónica y fibrosis, características de la ERC felina espontánea, estos hallazgos sugieren que la LRA y la isquemia podrían ser factores en la génesis o progresión de la ERC en los gatos. De manera similar, en la LRA isquémica se ha descrito en cepas consanguíneas de ratones y ratas como modelo de fibrosis renal; sin embargo, el mecanismo de esta fibrosis no es clara. Se han propuesto cuatro fases progresivas en la patogénesis de la fibrogénesis renal. La primera fase es de activación y lesión inicial, caracterizada por la inflamación y aparición de miofibroblastos activados. Los miofibroblastos aumentan en número a medida que comienza el reclutamiento quimiotáctico de fibroblastos y monocitos en la fase de señalización. La fase fibrogénica se caracteriza por la acumulación de matriz extracelular. La fase destructiva renal final se caracteriza por la destrucción capilar y la consiguiente isquemia tubular y pérdida de nefronas.
En la LRA isquémica, las lesiones de daño tubular son las predominantemente y focalizadas o en “parches” y afecta un segmento corto del túbulo proximal en la unión glomerular, porciones del segmento recto del túbulo proximal y áreas focales del asa de Henle. Las lesiones morfológicas de la LRA isquémica suelen ser sutiles, en comparación con la necrosis más evidente que se produce en la lesión tubular tóxica.
La obstrucción de las vías urinarias bajas en felinos son situaciones clínicas frecuentes, la presión que se produce dentro de la uretra es el resultado de una ausencia de permeabilidad uretral. Esta presión con el retroflujo de orina asciende por vejiga, luego por uréteres hasta oponerse a la presión de perfusión renal, y de esta manera, por diferencia de presiones, producir una isquemia. Lo que inicialmente se origina como una lesión post renal aguda obstructiva, culmina en una lesión pre renal aguda e incluso en una lesión renal aguda de tipo parenquimatosa.
En el caso de la obstrucción uretral (OU) la presión progresa por vejiga, uréteres y llega a los riñones trasmitiéndose al espacio de Bowman. La presencia de hidronefrosis de diferentes grados contribuye también al aumento de la presión intraparenquimatosa renal, alterando la hemodinamia y su perfusión.
En principio al producirse la obstrucción uretral el flujo sanguíneo renal aumenta por vasodilatación de la arteriola preglomerular, esto es mediado por la liberación de prostaglandinas. En esta fase hiperémica la tasa de filtración glomerular (TFG) baja, pero, la arteriola aferente se dilata para intentar vencer la presión intrarrenal, concretamente a nivel de la cápsula de Bowman. Esto es una situación de respuesta compensatoria ante una obstrucción de vía urinaria baja.
Posteriormente la TFG desciende aún más, producto de la liberación de angiotensina II, el tromboxano A2 (producido por los leucocitos), y por la disminución del factor relajante endotelial (óxido nítrico). La angiotensina II reduce notablemente la TFG por contracción de las células mesangiales, y disminuye el coeficiente de filtración glomerular. La síntesis de prostaglandina E2 y prostaciclina, antagonizan de alguna forma esta situación de caída de la ultrafiltración, pudiendo minimizar el daño. La invasión de leucocitos a la corteza y médula renal es un hecho frecuente, los macrófagos pueden predominar a nivel de la médula renal, también se evidencia la presencia linfocitos T supresores citotóxicos. En cuadros obstructivos asépticos no se observa infiltración de polimorfonucleares. Si la obstrucción es resuelta, disminuye en forma progresiva el infiltrado leucocitario.
La caída en la TFG aumenta notablemente los niveles en sangre de fósforo, potasio, magnesio y la azotemia. Por otro lado, disminuye el pH sanguíneo (acidosis metabólica) por mayor concentración de hidrogeniones. A mayor tiempo de OU mayor daño renal, por consiguiente, mayor tiempo de recuperación de la funcionalidad, y posibilidad a largo plazo de aparición de enfermedad renal crónica (ERC).
Si es liberada la OU, los riñones ingresan a una fase poliúrica aumentando la excreción fraccional de potasio, magnesio, sodio e hidrogeniones. Como así también, aumenta la excreción de productos nitrogenados y urea, incrementando una diuresis osmótica. Esta situación es frecuente en la especie felina, cuando se produce la desobstrucción de la uretra, el paciente ingresa a una fase poliúrica intensa (diuresis post obstructiva), con la consiguiente hipopotasemia e hipomagnesemia marcada. Esta situación es muy peligrosa para los gatos, con una signología clínica evidente (ventroflexión cervical, presencia de arritmias ventriculares, astenia muscular, incluso en músculos respiratorios) pudiendo desencadenar en el deceso del paciente. Muchas veces el paciente con ETUIF-O una vez desobstruido, es dado de alta. Esta conducta no se debe realizar, ya que posteriormente el paciente puede reingresar con un descompensación hemodinámica y electrolítica severa, llegando incluso, a la situación de shock hipovolémico. Este efecto diurético es sumamente peligroso en la especie felina, ya que el defecto en la homeostasis del agua puede persistir, porque los pacientes deshidratados no pueden conservar el equilibrio hídrico una vez liberada la obstrucción. La incapacidad de concentración de la orina se debe al aumento del flujo sanguíneo medular, al lavado del gradiente hipertónico medular, y a la disminución de la respuesta de los conductos colectores de la médula a la hormona antidiurética. Se incluye en esta situación, la presencia del péptido natriurético atrial. Por lo tanto, el defecto de concentración pos-desobstrucción en la ETUIF-O, se debe a la menor remoción de solutos de la rama ascendente del asa de Henle, la escasa cantidad de nefronas, el lavado de solutos de la médula debido al alto flujo sanguíneo en esta zona, y la baja respuesta osmótica de los conductos colectores corticales a la hormona antidiurética ADH.
El estado ácido base está alterado, y la acidosis metabólica puede producir disminución de la contractibilidad miocárdica, arritmias marcadas, caída del volumen minuto, depresión del sistema nervioso central, alteración del flujo de membrana del potasio, el transporte de oxígeno y la exacerbación de la actividad parasimpática.
Un trabajo que describe lesiones histopatológicas post mortem en pacientes con ETUIF-O/OU, concluye que las lesiones más severas en vejiga (cistitis linfocítica y neutrofílica), y riñones (infiltración linfoplasmocitaria) se correlacionan con los niveles elevados de potasio en sangre.
Las causas de LRA isquémica se enumeran en la Tabla 1.
Tabla 1. Etiologías isquémicas de LRA en gatos.
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LRA nefrotóxica en gatos
Las potenciales etiologías nefrotóxicas se enumeran en la Tabla 2.
Tabla 2. Etiologías nefrotóxicas de LRA en gatos.
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Lirios
La etiología de orden nefrotóxica en los gatos ocupa casi el 50 % de la LRA felina, su mecanismo de acción va a estar supeditado al accionar del nefrotóxico actuante. En caso de la intoxicación con lirios, aún no se ha identificado el tóxico activo que induce LRA, pero se sabe que al igual que el glicol de etileno necesita de una biotransformación endógena para desencadenarla. Se supone también que la fitointoxicación es una característica propia del gato. Esta afirmación surge de estudios en los cuales se desafiaron células renales de gato con la fitotoxina no registrando lesión nefrotóxica, sin embrago, los pacientes que la consumen desarrollan LRA con una oligoanuria marcada entre el día 6 a 7 posterior a la ingestión.
Los lirios han sido reconocidos como nefrotóxicos en gatos desde hace 20 años, pero muchos tutores no son conscientes del riesgo tóxico de estas plantas decorativas de interior. Todas las plantas de los géneros lilium yhemerocallis deben considerarse nefrotóxicas para los gatos. La toxicidad se registra con más frecuencia en gatos que viven dentro del hogar, debido a que estas plantas tienen características ornamentales, que en gatos que viven en el exterior. Cualquier parte de la planta debe considerarse potencialmente nefrotóxica (tallos, hojas, flores, polen) incluso el agua que contiene a sus flores, ya que el compuesto tóxico es hidrosoluble.
La lesión que produce la toxina se caracteriza por necrosis marcada de las células del tubo contorneado proximal (metabolismo más activo) con desprendimiento celular, que se traduce en cilindros granulosos, hialinos con obstrucción de los túbulos renales. Dentro de las lesiones ultraestructurales se evidencia mitocondrias hinchadas, megamitocondrias (con pérdida completa de crestas), edema y lipidosis en células epiteliales del túbulo proximal.
En un estudio retrospectivo que reclutó 25 pacientes, evidenció que si se iniciaba terapia de sostén (fluidos, monitoreo, descontaminación gástrica) dentro de las 48 posteriores a la ingesta, la tasa de externación llegó al 100 %, solo un 9 % de los pacientes presentaron elevación de la creatinemia y la uremia durante la hospitalización. Aunque otros reportes indican que la terapia debería instalarse dentro de las 6 h posteriores a la ingestión. En caso de no poder iniciar terapia de soporte la muerte se estima en el lapso de 6 a 7 días subsiguientes
Un trabajo reveló que el lirio de Pascua (Lilium longiflorum), no solo es nefrotóxico, también se detectó toxicidad pancreática (Figura 1 y 2).


Antiinflamatorios no esteroides (AINE)
Los AINE son fármacos utilizados en forma regular como analgésicos para las enfermedades osteoarticulares felinas, si bien en la actualidad el desarrollo de nuevas moléculas brinda cierto grado de seguridad, esta no es total. Por lo tanto, nos es recomendable su aplicación en pacientes hemodinámicamente inestables, ni en aquellos con riesgo de aparición de LRA (ver tabla 1). Su efecto nefrotóxico radica en el bloqueo de las prostaglandinas las cuales juegan un papel capital en el mantenimiento de una hemodinamia renal normal.
Con dosis excesivas de AINE, los signos gastrointestinales aparecen en pocas horas tras la exposición y la LRA puede no hacerse evidente hasta 3–5 días después de la exposición.Aunque la dosis nefrotóxica no se conoce para todos los AINE, se estima que la toxicidad por ibuprofeno ocurre en dosis superiores a 87 mg/kg en gatos, o aproximadamente la mitad de la dosis tóxica en perros, debido a la limitada capacidad conjugante del glucuronil en gatos.
Si se sospecha que la exposición reciente a AINE es suficiente para causar toxicidad, se recomienda el vómito o lavado gástrico, seguido de tratamiento con carbón activado, inhibidores de la bomba de protones, misoprostol, terapia intravenosa de líquidos durante al menos 48 horas, uso de emulsiones lipídicas (de acuerdo a liposolubilidad del fármaco), y uso de terapias de reemplazo renal. Es importante señalar que los AINE sufren recirculación enterohepática, lo que puede prolongar su vida media.
El uso de meloxicam en pacientes con potencial riesgo de LRA (con azotemia o inestabilidad hemodinámica) hoy está fuertemente cuestionado. Además, un trabajo evidenció que la omisión de los efectos renales adversos de la versión publicada de un ensayo clínico para el meloxicam inyectable en gatos representa un problema sustancial de integridad de la investigación.
En un estudio realizado en Australia los autores recomiendan encarecidamente evitar la administración subcutánea de meloxicam en gatos, particularmente en situaciones donde la deshidratación y/o hipotensión concurrente sean posibles. El uso rutinario de AINE inyectables en gatos no se considera seguro en la práctica felina contemporánea debido al riesgo de LRA, incluso a dosis recomendadas. Enfatizan que existen regímenes analgésicos alternativos seguros y económicos, lo que hace que el uso preventivo rutinario de AINE sea injustificado. El estudio destaca que la LRA inducida por AINEs es una causa fácilmente prevenible de morbilidad y mortalidad en gatos.
Un estudio reciente que reclutó 8 gatos sanos sin terapia previa, a 4 pacientes se le administraron 0,3 mg/kg/24 h de meloxicam durante 17 días. Esto reveló que la aplicación repetida de meloxicam alteró el metaboloma y lipidómica renal, ambas son herramientas en farmacología y toxicología para descubrir mecanismos de toxicidad farmacológica. Se sugirió la alteración de al menos 40 vías metabólicasen la corteza y médula renal. Este fue el primer trabajo en usar un enfoque fármaco metabolómico para evidenciar los efectos moleculares del meloxicam en riñones felinos.
Etilenglicol (EG)
El EG es una sustancia altamente nefrotóxica que se encuentra en anticongelantes y otros disolventes industriales. Se considera que los gatos son más susceptibles a los efectos tóxicos del EG que los perros, y aquellos que consumen tan solo 1,4 ml/kg pueden experimentar una lesión renal grave y potencialmente mortal.
El EG se metaboliza en el hígado por la enzima alcohol deshidrogenasa y se descompone en varios metabolitos tóxicos, incluyendo glicoaldehído, glicolato, glicoxilato y oxalato. La toxicidad se desarrolla como resultado de las acciones directas de estos metabolitos sobre el epitelio tubular, así como de la deposición de cristales de oxalato de calcio en la luz tubular renal y el intersticio. El EG se absorbe rápidamente en el estómago y, en los gatos, la concentración en sangre alcanza su pico en menos de 1 h tras la ingestión.Se metaboliza y excreta casi por completo en 24 h.
Los hallazgos de laboratorio compatibles con una ingestión reciente de EG incluyen un aumento de la osmolalidad sérica y una brecha aniónica negativa elevada en menos de 1 hora debido a la presencia de EG y sus metabolitos; acidosis metabólica; cristaluria de oxalato de calcio en 3 h; isostenuria en menos de 3 h debido a diuresis osmótica; hipocalcemia debida a la quelación del calcio por oxalato y al posterior desarrollo de cristaluria de oxalato de calcio; y la hiperglucemia, que puede deberse a la inhibición del metabolismo de la glucosa por metabolitos aldehídos del EG, así como al estrés. Si no se trata, se desarrollan azotemia, hiperfosfatemia, hiperpotasemia y oliguria/anuria.
Melamina y ácido cianúrico
La melamina es una base orgánica. Su fórmula molecular es C3-H6-N6. Es una molécula pequeña que contiene una cantidad relativamente grande de nitrógeno no proteico. Los compuestos relacionados con la melamina incluyen el ácido cianúrico, la amelina y la amelida. Aunque algunas bacterias pueden metabolizarla, aparentemente los mamíferos no pueden. La melamina no tiene ningún valor nutritivo conocido para perros ni gatos. Debido a su alto contenido de nitrógeno, la melamina se ha utilizado como fertilizante en algunas partes del mundo. También se ha empleado como aglutinante industrial, retardante de llama y polímero en la fabricación de utensilios de cocina y plásticos (por ejemplo, formica, vajilla de plástico). La adición de melamina y compuestos relacionados como ingredientes en alimentos para animales o humanos es ilegal en Estados Unidos.
La nefrotoxicidad por melamina en gatos se asocia principalmente con la co-exposición a melamina y ácido cianúrico, los cuales, individualmente, presentan baja toxicidad. Esta combinación forma cristales de cianurato de melamina en los túbulos renales, lo que conduce a la LRA y muerte en casos graves.
En 2004 y 2007 se produjeron grandes brotes de LRA nefrotóxica atribuidos a la ingestión de alimentos para mascotas (perros y gatos) que contenían toxinas.En 2004, se produjeron brotes de insuficiencia renal relacionados con la ingestión de alimentos comerciales específicos para perros en perros de Asia. Los informes de este brote se limitaron a una sola publicación en Corea, un caso único de Taiwán. La nefrotoxicosis en Asia se atribuyó a la contaminación por micotoxinas (particularmente ocratoxina, citrinina o ambas) en materias primas en una planta de fabricación en Tailandia. Un segundo brote de LRA nefrotóxica asociada a alimentos para mascotas ocurrió a principios de 2007, afectando a un gran número de perros y gatos en EEUU. Varias empresas comerciales de alimentos para mascotas retiraron más de 1.000 productos potencialmente contaminados para alimentos. Se ha propuesto que el compuesto tóxico de este brote es la melamina y el ácido cianúrico, que estaban presentes en el gluten de trigo, la proteína del arroz y el gluten de maíz importados de China y utilizados como ingrediente de alimento para mascotas. Se presume que los proveedores añadieron melamina intencionadamente para aumentar falsamente el contenido de proteínas medido y, por tanto, el valor monetario de estos productos. Aunque la melamina por sí sola no causa insuficiencia renal en estudios toxicológicos en perros y roedores, la melamina y el ácido cianúrico en combinación forman cristales insolubles que obstruyen y dañan los túbulos renales y se presume que causan LRA nefrotóxica.
Los signos clínicos fueron, poliuria, polidipsisa, letargo y vómitos, dentro de los hallazgos clínico patológicos se enumeran:
- Azotemia:creatinina sérica elevada (7-15 mg/dl); nitrógeno ureico en sangre (BUN) > 130 mg/dl.
- Hiperfosfatemia:valores de 11.3-25 mg/dl.
Dentro del diagnóstico diferencial existe la dificultad para descartar la toxicosis por etilenglicol (nefrosis por oxalato) solo por la presencia de cristales polarizables, aunque la cantidad suele ser mayor en etilenglicol. Las características de los cristales son clave para la discernir entre ambas intoxicaciones.
Los brotes de 2004 y 2007 comparten hallazgos clínicos, histológicos y toxicológicos idénticos. Esto proporciona evidencia contundente de que la misma causa (melamina y ácido cianúrico) fue responsable de ambos brotes de LRA en perros y gatos.
Aminoglucósidos (AA)
Muchos medicamentos tienen el potencial de inducir nefrotoxicidad, pero esta complicación es más conocida y frecuente con el uso de antimicrobianos aminoglucósidos. Estos fármacos pueden provocar una LRA por daño directo a las células tubulares proximales y la consiguiente necrosis tubular. Se eliminan principalmente mediante filtración glomerular y entran en la luz tubular renal. Aquí se unen al borde en cepillo de las células tubulares renales proximales y son endocitadas por un receptor conocido como megalina. A medida que el fármaco se acumula en las células tubulares proximales de los segmentos tubulares S1 y S2, los lisosomas intracelulares concentran el fármaco, causando eventualmente la ruptura lisosomal en el citoplasma ocasionando daño y necrosis celular.
Los factores de riesgo para la nefrotoxicidad incluyen el tipo de aminoglucósido, niveles elevados de suero, la dosis acumulada, la duración y frecuencia de administración, el uso simultáneo de furosemida u otros fármacos nefrotóxicos, hipoalbuminemia, hipovolemia y enfermedad renal preexistente. Las descripciones de intoxicación por AA en gatos, es anecdótica y escasa.
En una serie de casos en 1999, se reconoció la LRA nefrotóxica en cuatro gatos que recibieron paromomicina oral para el tratamiento de enteritis/colitis infecciosa. Este aminoglucósido no se absorbe bien a través del tracto gastrointestinal, pero puede haber provocado nefrotoxicidad debido a un aumento en la absorción ante enfermedades intestinales.
Pigmenturia
La pigmenturia en gatos, caracterizada por la presencia de pigmentos como hemoglobina o mioglobina en la orina, puede ser un marcador de lesión renal aguda (LRA), especialmente en el contexto de eventos tóxicos como envenenamientos (serpiente de coral o la serpiente de vientre rojo negra) que causan rabdomiólisis o hemólisis severa.
También en traumatismos extensos, sobremanera en aquellas lesiones por aplastamiento que generan áreas extensas de rabdomiólisis. Estos pigmentos son nefrotóxicos y pueden precipitar directamente el daño tubular renal. La compresión prolongada causa isquemia, y la posterior liberación de la presión puede provocar una lesión por reperfusión, dañando aún más los tejidos. La mioglobina liberada es nefrotóxica y puede causar lesión renal aguda (LRA). También se pueden presentar desequilibrios electrolíticos graves, especialmente hiperpotasemia, y coagulación intravascular diseminada (CID). Una elevación marcada de la creatina quinasa (CK) es un indicador de daño muscular.
La intoxicación con paracetamol (acetaminofén) es una causa grave de pigmenturia en gatos. Incluso en dosis bajas (tan solo 10 mg/kg), puede causar metahemoglobinemia, formación de cuerpos de Heinz y anemia hemolítica, lo que lleva a la excreción de orina de color chocolate o ictérica (bilirrubinuria). Esto se debe a la limitada capacidad de los gatos para la glucuronidación, lo que resulta en la acumulación de metabolitos tóxicos.
Otros fármacos que pueden producir pigmenturia por hemólisis y LRA en gatos son: propofol, dosis elevadas de vitamina K3 (>5 mg/kg/día), azul de metileno.
LRA infecciosa
Las etiologías infecciosas en la LRA felina no tienen una frecuencia importante como si lo es en la especie canina. La respuesta renal a la sepsis está poco estudiada y comprendida en medicina veterinaria, y en los gatos su fisiopatología no es del todo conocida.
Sin embargo, la LRA asociada a shock séptico como síndrome de disfunción orgánica múltiple (SDOM) parece ser una causa frecuente de LRA parenquimatosa.
En un estudio prospectivo que evidenció SDOM en gatos sépticos la LRA se definió como creatinina sérica (sCr) >1,8 mg/dl y/o aumento de sCr de ⩾0,3 mg/dl desde la línea inicial y/ oliguria (débito urinario <1 ml/kg/h durante 6 horas), y clasificación (I–V) según el sistema de estadificación de la International Renal Interest Society (IRIS), propuesto por Cowgill y aceptado por el grupo IRIS.
Al ingresar, la mayoría de los gatos con disfunción renal (n = 11/14) tenían un aumento de la sCR y se clasificaban en IRIS estadio 2 (n = 6) y estadio 3 (n = 5), respectivamente, mientras que solo 3 de cada 14 gatos tenían un IRIS de 1 y un sCr dentro del rango normal. La presencia de SDOM que comprometía al sistema cardiovascular y renal revelaron mayor letalidad.
La disfunción renal se definió como la presencia de LRA según las recientes directrices de IRIS establecidas en pacientes veterinarios. La LRA es una complicación común de la sepsis humana, relacionada con mediadores inflamatorios, lesiones tubulares y alteración microcirculatoria renal. Existe una escasez de estudios sobre la LRA relacionada con la sepsis en medicina veterinaria, y los criterios estandarizados para la identificación temprana de este síndrome solo se han utilizado ocasionalmente en gatos.La prevalencia de la LRA estaba elevada en esta población de gatos sépticos en el momento de la presentación. En este sentido, dos de los gatos azotémicos presentaban afectación renal primaria debido a urosepsis (un gato con pielonefritis y otro con uroabdomen séptico). Estos resultados podrían haber influido en la frecuencia real de la LRA relacionada con la sepsis en esta población. Sin embargo, la presencia de LRA en el momento de la presentación fue un fuerte predictor de mortalidad en este estudio. Este resultado podría favorecer el uso del sistema de estadificación IRIS para facilitar la identificación temprana de la disfunción renal en gatos sépticos.
La peritonitis infecciosa felina (PIF) puede causar LRA en gatos principalmente a través de mecanismos inmunomediados, como la glomerulonefritis inmunomediada, donde los complejos inmunes se depositan en los riñones, provocando inflamación y daño. La forma no efusiva de la PIF es particularmente conocida por afectar los riñones, manifestándose con lesiones piogranulomatosas que deterioran la función renal.
Los pacientes con PIF también pueden presentar riñones aumentados de tamaño e irregulares, y evidenciar también una forma efusiva la cual puede generar también LRA (Figuras 3 y 4).
La pielonefritis aguda se presenta frecuentemente en gatos de edad avanzada y puede manifestarse con signos clínicos como anorexia, letargo, vómitos y pérdida de peso, síntomas comunes también en otras causas de LRA o enfermedad renal crónica agudizada La pielonefritis en gatos se asocia comúnmente con la infección porEscherichia coli, que a menudo muestra resistencia a los antibióticos betalactámicos potenciados. A pesar de la gravedad de la LRA, los gatos con pielonefritis exhiben una tasa de supervivencia del 97% al alta hospitalaria y un 86 % de supervivencia a los 30 días, lo que sugiere un pronóstico más favorable en comparación con otras causas de LRA, siempre y cuando no ingresen a shock séptico, donde la prevalencia de mortandad aumenta notablemente.
En una serie de estudio retrospectiva de 32 casos de 2 hospitales docentes veterinarios entre el 1 de enero de 2014 y el 31 de diciembre de 2020 que incluyeron gatos con un cultivo bacteriano positivo y un diagnóstico clínico de LRA, se evidenció quelos pacientes mayores con enfermedad renal crónica subyacente tienen una mayor probabilidad de desarrollar una LRA bacteriana con pielonefritis. Escherichia coli fue la especie bacteriana más cultivada, con antibiograma resistente a la amoxicilina-clavulánico pero susceptibles a fluoroquinolonas o cefalosporinas de tercera generación. De los 20 gatos con información de seguimiento disponible en el historial médico, 14 estaban vivos a los 3 meses del alta hospitalaria.


LRA oncológica
El linfoma renal es el tumor más común en gatos, que representa la segunda localización más frecuente de linfoma extranodal (Figura 5).Sin embargo, el adenocarcinoma es el tumor renal primario más comúnmente encontrado. Otros tumores que se han identificado con menos frecuencia incluyen carcinoma de células transicionales, nefroblastoma, hemangiosarcoma y adenoma.
Muchos de estos tumores primarios desde la imagen ecográfica evidencian lesiones masivas (a menudo unilaterales), mientras que el linfoma puede causar cambios inespecíficos en uno o ambos riñones. Las imágenes ecográficas descriptas son cortezas hiperecoicas, nódulos hipoecoicos, renomegalia y derrame subcapsular. La presencia de engrosamiento subcapsular hipoecoico se considera sugestiva de linfoma renal y, en un estudio, el 80% de los gatos con este hallazgo ultrasonográfico fueron diagnosticados con linfoma. Así, se puede investigar una sospecha de neoplasia mediante ultrasonidos y, si es necesario, aspiración con aguja fina o biopsia de la corteza renal.

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