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Enfermería en colgajos quirúrgicos: prácticas seguras y eficaces en pacientes caninos

Resumen breve

La cirugía reconstructiva constituye una herramienta fundamental en cirugía oncológica veterinaria y en el tratamiento de heridas complejas en pequeños animales. Dentro de estas técnicas, los colgajos cutáneos permiten la cobertura de defectos en el tejido manteniendo la viabilidad tisular mediante su irrigación sanguínea; estos son una herramienta que está incrementándose por su alta adaptabilidad y utilidad.
No obstante, la supervivencia de un colgajo no depende exclusivamente de…

Introducción

La cirugía reconstructiva constituye una herramienta fundamental en cirugía oncológica veterinaria y en el tratamiento de heridas complejas en pequeños animales. Dentro de estas técnicas, los colgajos cutáneos permiten la cobertura de defectos en el tejido manteniendo la viabilidad tisular mediante su irrigación sanguínea; estos son una herramienta que está incrementándose por su alta adaptabilidad y utilidad.

No obstante, la supervivencia de un colgajo no depende exclusivamente de la técnica quirúrgica empleada. El periodo postoperatorio representa una fase crítica, en la que factores como el edema, la presión, la perfusión tisular o la infección pueden comprometer el resultado. En este contexto, el colgajo debe considerarse un tejido temporalmente vulnerable que requiere una monitorización constante.

Es aquí donde el papel de los cuidados de enfermería marca un antes y un después en el pronóstico de estos procedimientos.

A pesar de la abundante bibliografía centrada en la técnica quirúrgica, tipos de colgajos y planificación de los mismos, existe una menor atención al papel de la enfermería veterinaria en el manejo postoperatorio. Sin embargo, el auxiliar veterinario desempeña un papel clave en la detección temprana de complicaciones y en la aplicación de cuidados que favorecen la cicatrización; por lo que es un factor crucial la especialización del equipo de auxiliares y la actualización constante de técnicas y competencias.

La relevancia de esta especialización adquiere una mayor importancia hablando también del coste directo que supone al tutor el fracaso del colgajo. La necrosis o pérdida de continuidad del tejido, no solo supone un retroceso clínico, si no que también supone un impacto en dos aspectos fundamentales para el entorno del paciente: el ámbito económico y el emocional ante la incertidumbre. En consecuencia, se busca tanto la excelencia de los cuidados postoperatorios al paciente, como el acompañamiento y transparencia con la familia para salvaguardar el bienestar de ambos.

El objetivo de este artículo es revisar los principales tipos de colgajos cutáneos, sus riesgos asociados y establecer pautas de manejo basadas en la evidencia, destacando la importancia del seguimiento clínico en el éxito del procedimiento y adoptar herramientas y recursos en caso de existir complicaciones.

Desarrollo del estudio

Se ha realizado una revisión bibliográfica en bases de datos científicas, empleando palabras clave como; skin flaps, subdermal plexus flap, axial pattern flap, veterinary surgery, postoperative care y complications.

Se incluyen artículos publicados en inglés y español relacionados con cirugía reconstructiva en pequeños animales. Se excluyeron trabajos centrados exclusivamente en técnica quirúrgica sin seguimiento clínico postoperatorio.

Además, se han considerado estudios con datos procedentes de casos clínicos que permiten comprender la importancia del manejo postoperatorio.

Resultados clave

Los colgajos quirúrgicos se definen según Pavletic. M, como segmentos de tejido vivo, generalmente piel y tejido subcutáneo, que se movilizan desde su localización original con el fin de cubrir un defecto, manteniendo total o parcialmente su irrigación sanguínea.

Se distinguen principalmente dos grandes grupos:colgajos de plexo subdérmico y colgajos de patrón axial.

La principal diferencia entre estos dos grupos es la forma en la que se nutren. Los colgajos se nutren a través del pedículo, la base que sirve de puente con la localización original, contiene vasos sanguíneos que garantizan la perfusión y viabilidad del tejido.

Los colgajos de plexo subdérmico no poseen vasos grandes y específicos, sino que dependen de la red vascular subdérmica que entra por la base del pedículo, lo que hace que su viabilidad sea menos predecible y más sensible a factores como la presión o el edema.

Por otro lado, los colgajos de patrón axial se planifican e inciden incluyendo en su base o pedículo su propia vena y arteria específica, la sangre entra y drena por estos vasos directamente; lo que proporciona una irrigación más predecible, mejor perfusión y viabilidad tisular y capacidad para cubrir defectos extensos. Sus principales complicaciones incluyen torsión vascular, hematomas y necrosis distal, aunque esta última es menos frecuente.

Desde un punto de vista técnico, los colgajos de plexo subdérmico se categorizan en función del tipo de movimiento empleado para la cobertura del defecto.

Estos desplazamientos se dividen grupos generales:

Colgajos de avance

Que implican un desplazamiento lineal del tejido hacia el defecto a cubrir. Presentan riesgo de tensión excesiva e hipoperfusión distal, requiriendo control de suturas, reposo y monitorización del segmento distal (Figura1).

Figura 1. Colgajo de avance.

Colgajos de rotación

Que describen un movimiento en arco sobre un eje. Suelen presentar edema periférico y compromiso venoso, siendo fundamental el control de la inflamación y clave evitar la presión en el eje de rotación.

Colgajos de transposición

Que trasladan el tejido lateralmente, saltando parte de tejido sano intermedio. Pueden generar compresión del pedículo y espacios muertos, por lo que se recomienda control de drenajes(en caso de requerirse) y vigilancia intensiva en las primeras 48–72 h (Figura2).

Figura 2. Colgajo transposición.

Mientras que los colgajos de avance y de rotación se perciben como colgajos adyacentes (se sitúan próximos a la herida/defecto a cubrir); los de transposición se considera distante ya que saltan tejido intermedio sano para cubrir la zona.

El manejo enfermero en estos casos se centra en la monitorización constante (color, temperatura, tiempo de relleno capilar, firmeza), el control del dolor y el mantenimiento de la normotermia. El uso de Doppler puede ser de ayuda si se dispone de él.

Aunque el cirujano realice una técnica impecable, la llegada de la sangre al tejido puede verse comprometida en las próximas horas por problemas dinámicos:

El retorno venoso o congestión

Las arterias poseen unas paredes más gruesas y bombean con mucha más fuerza la sangre hasta el colgajo, sin embargo, las venas son delgadas y pueden colapsar con facilidad. Si el colgajo está demasiado tenso, el paciente se apoya sobre el mismo o tiene un vendaje demasiado apretado y por lo tanto el tejido tiene demasiada presión; es probable que la sangre puede entrar pero se complica su salida. El colgajo se sobrecarga de sangre venosa (desoxigenada) y por lo tanto se torna el tejido de un color morado/azulado y acaba en necrosis por hipoxia tisular.

Vasoespasmo y edema

El acto quirúrgico, supone un trauma para el tejido; por lo tanto, la inflamación e hipotermia a la que ha estado expuesta la zona genera vasoconstricción. El edema en sí mismo, ejerce presión sobre los pequeños vasos, impidiendo el retorno venoso e interrumpiendo el aporte de oxígeno.

En ambos casos, debido a este compromiso dinámico, estaría contraindicado la aplicación de crioterapia convencional, ya que induce la vasoconstricción, reduciendo drásticamente el flujo sanguíneo y acelerando este proceso de isquemia tisular y aumentando el riesgo de necrosis.

Por otra parte, ¿qué otras técnicas se pueden aplicar en estas situaciones?

Al retirar la crioterapia como herramienta en estos casos, se debe sustituir por otro tipo de metodologías que disminuyen el edema sin provocar vasoconstricción y favoreciendo la angiogénesis y retorno venoso.

  • Terapia Láser de Baja Potencia: siendo una de las herramientas modernas, el láser terapéutico aplicado a una frecuencia baja para no generar calor excesivo, promueve la vasodilatación local, mejorando la circulación y por lo tanto reduciendo tanto el edema como el dolor. Debe aplicarse con cuidado ya que está totalmente contraindicado cuando se utiliza sobre lecho oncológico; puede estimular la proliferación de células tumorales o favorecer la metástasis por el aumento del riego sanguíneo.
  • Posicionamiento o drenaje postural:una intervención totalmente atraumática y segura, aplicable a cualquier miembro del equipo con total seguridad. Si la anatomía del paciente y la localización del colgajo lo precisa, extremidades o zonas de apoyo; se debe posicionar al paciente de manera que no exista contacto de la superficie sobre el pedículo del colgajo, para que no comprometa la circulación sanguínea.

Si el paciente lo permite, idealmente la zona debe estar ligeramente más elevada respecto a la posición del corazón, favoreciendo el drenaje linfático y el retorno venoso por gravedad, disminuyendo la congestión sin precisar de fármacos o crioterapia.

  • Calor local controlado: consiste en mantener la zona en una temperatura fisiológica ideal de 37ºC/38ºC, mediante aplicación local de paños calientes, sueros, o similar, sin exceder la temperatura fisiológica óptima. Esto favorece la relajación de los vasos periféricos e incrementa la perfusión de oxígeno en la zona vulnerable.
  • Masaje linfático perilesional:un masaje suave y superficial alrededor del colgajo, no sobre el pedículo ni sobre la sutura del colgajo. Ayudará a movilizar el exceso de edema, descongestionando mecánicamente el tejido circundante.

Si se comprende qué ocurre fisiológicamente, se entiende mejor por qué determinados signos clínicos constituyen una urgencia.

Fisiopatología de un colgajo: período crítico

Durante las 72 horas posteriores, se producen diversos fenómenos; conocer estos supone una información valiosa para el equipo, ya que en este lapso temporal de ‘crisis’ es donde el personal especializado detecta posibles complicaciones.

Durante las primeras 24 horas, el tejido ha sido sometido a un gran trauma quirúrgico: al cortar la piel se interrumpe de forma inmediata la circulación periférica.

Si hablamos de colgajos de plexo subdérmico, este tejido pasa a depender de la red vascular secundaria que entra por la base o pedículo del colgajo. Esta interrupción, provoca en consecuencia una hipoxia tisular, que a su vez desencadena en cambios metabólicos perjudiciales, que, si se prolongan demasiado en el tiempo, amenazan la viabilidad del colgajo.

El tejido sufre una vasoconstricción repentina debido al impacto del manejo quirúrgico, al frío ambiental y a la hipotermia inducida por la anestesia.

Comienza además a producirse la fuga de plasma hacia los tejidos circundantes, dando lugar a la acumulación de edema.

Entre las 24 y 48 horas posteriores; se suele producir el pico de edema por la ‘absorción’ de fluidos, donde el colgajo se nutre de forma pasiva del suero del lecho de la herida. Esta inflamación creciente comprime por lo tanto los capilares y vasos sanguíneos más finos que se encargan del retorno venoso. Clínicamente se podrá observar que el tejido se muestra más tenso y frío, con un aspecto un tanto cianótico o morado.

Entre las 48 y 72 horas comienza la neovascularización mediante la fusión de los pequeños vasos del tejido receptor con los del tejido donante. Como la circulación arterial se recompone antes que la venosa, el edema suele empeorar de forma transitoria antes de su mejoría definitiva. Durante esta ventana temporal, resulta prioritario diferenciar esta evolución fisiológica esperada de un potencial proceso de necrosis.

Datos clínicos

En cuanto a los resultados clínicos, según muestra Coleen A. Jonesen su estudio de 2019, muestran que aproximadamente un 51 % de los procedimientos con colgajos de plexo subdérmico presentan complicaciones, generalmente dentro de la primera semana postoperatoria. Sin embargo, la mayoría son leves (37 %), mientras que las complicaciones graves representan alrededor del 14 %.

A pesar de la frecuencia de complicaciones descrita, los resultados generales suelen ser favorables, la mayoría de los casos evolucionan hacia una recuperación ‘buena o excelente’. Este hecho, indica que la aparición de complicaciones es habitual en este tipo de procedimientos y precisamente no implica un fracaso del colgajo, sino que en muchos casos depende del manejo posterior por parte del equipo de enfermería.

En este sentido, el papel del auxiliar veterinario especializado resulta fundamental, ya que una correcta realización de las curas, junto con una monitorización constante del estado del tejido, y un correcto confort del paciente, permite detectar de forma temprana cualquier alteración y actuar a tiempo. Un control adecuado del colgajo puede marcar la diferencia entre la resolución con éxito del proceso y la progresión hacia complicaciones más graves (Figura 3).

Figura 3. Complicación colgajo de avance.

Desde el punto de vista de enfermería, se establecen como parámetros fundamentales de monitorización: (Tabla 1).

  • Color del colgajo (rosado, pálido, cianótico o necrótico).
  • Temperatura local y sistémica.
  • Tiempo de relleno capilar (< 2 segundos).
  • Presencia de edema, hematoma o enfisema.
  • Elasticidad y turgencia tisular.
  • Tipo de exudado.
  • Integridad de las suturas.
  • Evaluación del dolor.
Tabla 1. Monitorización colgajos.

Conclusiones

Estos hechos recalcan que los colgajos cutáneos presentan una tasa moderada de complicaciones, especialmente en aquellos dependientes del plexo subdérmico. Sin embargo, la elevada proporción de resultados positivos indica que el pronóstico es altamente favorable cuando se instaura un seguimiento adecuado.

En este sentido, el éxito de la cirugía reconstructiva no puede desligarse del enfoque integral y multidisciplinar. Mientras que el oncólogo traza el plan, el cirujano planifica la técnica y ejecuta minuciosamente el acto quirúrgico, es el personal de enfermería veterinaria quien permanece en primera línea con el paciente, en cada turno, cada exploración, y cada cura, asumiendo la responsabilidad de su trabajo.

Por lo que la detección temprana es en esencia la razón de ser de la enfermería en un postoperatorio; garantizando una respuesta inmediata por parte del resto del equipo clínico, previniendo posibles complicaciones más complejas con sus consecuencias tanto para el paciente como con su familia.

Concluyendo por lo tanto que, la formación y especialización del personal de auxiliares veterinarios y la aplicación rigurosa de protocolos, no constituyen un simple complemento técnico, sino uno de los pilares fundamentales e indispensables que garantiza el éxito de un procedimiento y el bienestar del paciente y la familia.

Bibliografía

  1. Coleen A. Jones, Victoria J. Lipscomb; Indications, complications, and outcomes associated with subdermal plexus skin flap procedures in dogs and cats: 92 cases (2000–2017), October 2019; AVMA Publications Vol. 255 Nº8.
  2. Trevor PB, Smith MM, Waldron DR, Hedlund CS. Clinical evaluation of axial pattern skin flaps in dogs and cats: 19 cases (1981-1990). J Am Vet Med Assoc. 1992 Aug 15;201(4):608-12. PMID: 1517139.
  3. Vicky Lilley; Evie Yon; Kelly Deane; Evaluation of current wound management techniques (part 2). The Veterinary Nurse; March 2025; MA Healthcare Ltd.
  4. Pavletic, M. (2018). Atlas of Small Animal Wound Management and Reconstructive Surgery (5th ed.).

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